Boca: informe de la situación







Conclusiones de la extraña noche en que Carlos Bianchi volvió a la Copa en la Bombonera.
El diagnóstico ya se hizo desde aquí durante el fútbol de verano, por los partidos en Mar del Plata y el Superclásico que cubrimos en Córdoba. Con este plantel sin Riquelme , Boca es un equipo más, gana y pierde con cualquiera. Este no es ni más ni menos que el plantel de esta Comisión Directiva y de Julio César Falcioni, con pésimo diagnóstico desde hace mucho tiempo.
Incluso alguno de los jugadores que llegó por cifra millonaria a insistencia del anterior DT es responsabilidad de la anterior conducción dirigencial.
Por ahora, además, los refuerzos no cambian la ecuación. Hasta el momento Lautaro Acosta y Juan Manuel Martínez hacen su aporte, más no decisivo por cierto.
Y también lo advertíamos en el verano: Bianchi le da un plus, pero no juega, no es mago y ahora habría que agregar que, verdad de Perogrullo, también se equivoca, pese a ser quizá el DT más lógico y simple del fútbol argentino.
Pero asi como Bianchi acertó en los cambios en la remontada ante Quilmes, en la noche copera del miércoles  puso en cancha un equipo que no le salió bien. Un experimento que no funcionó. Un 4-4-2 para un supuesto mayor equilibrio, que al final fue más problema que solución. No se balanceó la defensa, se perdió vuelo para el ataque, la confusión se generalizó.
Es el peligro de entrar en la variante de esa falacia de que en fùtbol te descompensas si no ponés dos volantes de contención. No se puede decir, por un partido, que Bianchi "entró en la variante", más bien se trata de prueba, ensayo y error ante un plantel que por ahora no le ofrece las respuestas que esperaba.
Lo cierto es que con el tan mentado "doble 5" Leandro Somoza ya no solo estuvo impreciso con la pelota, también ahora en su ubicación.
Cristian Erbes, un jugador habitualmente ordenado cuando juega como único "5", así no lo pudo "ordenar" a Somoza, y más bien Somoza terminó desordenando a Erbes. Y ahí aparece otro problema, ya anticipado en el fútbol de verano: se necesita un mando en la cancha, un ordenador, y eso es lo que también puede aportar Riquelme.
Se puede abundar con lo que Román le puede dar a este equipo. Pero primero el técnico debe estar sacando conclusiones sobre los que ya no pueden darle nada. O en todo caso, muy poco. Uno de ellos, de adelante para atrás, Santiago Silva: vive de espaldas al arco, que se supone que es lo que le da de comer. Es como un tigre ciego, que tiene la presa de un lado, y sale a buscarla para el otro. A esta altura vale preguntarse, como desde aquí se preguntó hace más de 14 meses, si Silva es realmente un delantero para Boca. Jugó en 14 equipos, varios bien "chicos", y solo se destacó en Vélez y Banfield. Lucas Viatri entre la última parte de los últimos dos partidos, ante Quilmes y Toluca: tiró al arco, de frente, más veces que Silva en meses.
Ese es solo un ejemplo. Quizá lo del miércoles le sirvió a Bianchi para el diagnóstico final sobre los jugadores a los que ya se les acabó el crédito. Aunque lo modere y gradue porque sabe que lo que viene es largo y los necesita a todos.
Pero Silva es solo un botón de muestra. Hoy por hoy casi todas las titularidades están en estado deliberativo en Boca. ¿O acaso no están para salir ya, tanto como Silva, jugadores como Caruzzo, Cellay, Somoza, Erviti?. El miércoles quedó claro que toda la culpa de que el equipo jugara mal no era del pibe Paredes, quien fue, de todos modos, quien pagó "los platos rotos" del mal partido ante Quilmes, con lo cuál hubo que sacrificar enganche y sistema.
Ahora sí, ¿qué puede darle Riquelme a este plantel descompensado y limitado? Por lo pronto, lo que el mismo Bianchi dijo en la conferencia de prensa, "manejo", de pelota y de la situación, conducción, pelotas paradas ejecutadas con cierto decoro (lo del miércoles en ese sentido fue patético).
Pero Román, además, puede "leer" mejores alternativas para cada partido, decirle a Erbes, por ejemplo, dónde le conviene pararse según el volante de enfrente, tal como lo hacía con Ever Banega en 2007. O cuando varios se esconden y no aparecen, como ocurrió en la última parte del encuentro del miércoles, Riquelme se puede mostrar, guiarlos, encauzarlos y insuflarles de un poco más de actitud, lo que también faltó ante Toluca, cuando Boca ni siquiera metió su clásica presión para forzar un resultado sobre el final.
Eso sí, como dijo Juan Simón ayer en 90 Minutos de Fútbol en Fox: "Román puede solucionar el ataque, pero no podrá acomodar la defensa". En todo caso, con mayor tenencia de pelota, impedirá que le lleguen tanto al equipo. Pero como está hoy la situación, pareciera que ni con eso alcanza.

El nuevo mito del eterno retorno


Ese entretiempo es un mito en sí mismo. Imagínense todo lo que generó después. Se tejieron, en torno a esos 15 minutos largos -en tiempos de fútbol para pocos, codificado, la duración del entretiempo era una convención más bien cambiante-, las peores y las mejores versiones. De las sustancias, peleas, gambetas a los controles se pasó a una frase que engrandeció la leyenda: "Salgo yo y entra Riquelme, Bambino"". Si la "orden" existió, ahora el orgullo maradoniano no está para confirmarlo.
De una forma u otra, quienes estuvimos esa noche del 25 de octubre del '97 en el Monumental presumimos, al instante, que estábamos asistiendo a un momento histórico. Lo imaginamos, claro, por la salida de Maradona, nada menos que en el entretiempo de un Boca - River. Por todo lo que había pasado, por cómo venía la cosa, no había vuelta atrás. Era el último de todos los finales. Lo que no sabíamos es que en ese momento, justamente, en el que se consumaba el retiro definitivo del mejor futbolista de todos los tiempos, en la salida de medio tiempo de un Superclásico y con una de sus dos camisetas más queridas, a su vez estaba naciendo la idolatría más grande de la historia de Boca. Juan Román Riquelme ya había debutado, pero la unción fue esa noche y a partir de ahí desanduvo un camino único en el club de La Ribera.
Tanto es así que en ese sendero inédito, sin parangón, no sólo hay un cambio mítico -del más grande en Boca en lugar del más grande en el fútbol mundial-, once títulos con aporte más determinante que el de cualquier otro futbolista en cualquier otro título, y cientos de asistencias incomparables. También hay una tarde increíble en la que el pueblo boquense -salvo "los de atrás del arco"-, lo eligió a Riquelme a los gritos por sobre el mismísimo Maradona. Y un banderazo nacional único en la historia del fútbol argentino para pedir por un solo jugador. Y un "Cabildo abierto" que produjo una verdadera revolución que terminó con "el orden conservador" en el club, gracias a una "cadena nacional" que fue su aporte inédito a Boca desde afuera de la cancha.
Y en ese camino, además, hay un mito del eterno retorno sólo comparable al que protagonizó el propio Maradona.
Es que Diego, hasta ese final irremediable, siempre estuvo volviendo. Tanto que ya había dirigido dos equipos como técnico, Mandiyú y Racing, antes de sus últimos retornos. Volvió para un repechaje contra Australia cuando ya había dicho que no jugaba más para Argentina. Volvió después de los dos dóping, el de Nápoli y el de la Selección. Volvió después de que le cortaron las piernas. Volvió después de escaparse una noche en Mar del Plata y faltar a un partido de Newell"s. Volvió en Sevilla. Volvió en Corea con Boca. Y volvió en la Bombonera, con cabello de dos colores, para un centro inolvidable que terminó en cabezazo agónico de Scotto.
A Riquelme no le pasaron tantas cosas raras en su cuerpo aunque sí fueron variadas las vicisitudes del alma. Pero también siempre estuvo volviendo. Aunque nada más que a Boca. Siempre a Boca. Aquel partido contra Rosario Central en la Bombonera. Aquel Superclásico del segundo retorno, en Mar del Plata. Aquel regreso, con vuelta, olímpica, y final de Libertadores, de 2011/2012, cuando muchos lo daban como ex jugador. Y esta vuelta, quizá la más deseada, por más inesperada.
Y si bien Román nunca tuvo tantas contradicciones como Diego y se mantuvo más firme en sus convicciones y códigos -tanto que por ello se perdió nada menos que un Mundial-, sí se permitió -aunque no se lo quieran permitir los demás, o "algunos demás"-, cambiar de parecer por una vez. Esta vez.
Todos en algún momento en nuestras vidas aseguramos algo y terminamos haciendo lo contrario. Ahora pareciera que el único que no puede es Riquelme. Y sin considerar, además, que con su cambio "de palabra" no perjudicó a nadie, más bien todo lo contrario. O quizá sí. Los que más se agarran de "la palabra" de Riquelme son los más perjudicados con su eterno retorno: no pueden resolver su propia contradicción entre amor y odio. Se supone que aprecian, como la mayoría, el fútbol que verdaderamente le gusta a la gente, pero no pueden soportar que en la Argentina lo enarbole mejor que nadie el que más se apresuraron en denostar, siempre.

El largo camino de regreso a casa






Riquelme vuelve a ser el 10 de Boca. Se termina la suspensión del contrato y su primer entrenamiento será el lunes. Debutaría en esta nueva etapa el 3 de marzo ante Unión.

Juan Román Riquelme, el máximo ídolo de la historia de Boca,  volverá a jugar en el club de La Ribera luego de siete meses, después de expresar su deseo de terminar con la suspensión del contrato y se se entrenará desde el próximo lunes y debutará, en esta nueva etapa, probablemente el 3 de marzo en la Bombonera ante Unión, por la cuarta fecha del Torneo Final del fútbol argentino.
El último partido que jugó el máximo referente de la historia del club fue el 4 de julio de 2012, en la segunda final de la Libertadores, y luego de varias idas y vueltas, "chicanas" y "operaciones" gestadas por alguna parte de la dirigencia y algunos periodistas, para cerrarle la puerta del retorno, su amor por la camiseta pudo más y cambió su decisión, incluso con un llamado de él a Carlos Bianchi y dispuesto a ceder posiciones en la verdadera "batalla" de nuevas operaciones que se gestaron en las últimas horas.
Incluso hasta pasado el mediodía se buscó una vez más que Riquelme torciera su decisión. Con "operaciones" parecidas a cuando se lanzó la mentira del "dólar blue", se empezó a asegurar que Román no aceptaría nuevos condicionamientos para un contrato que ya está firmado y del que solo se tenía que levantar la licencia.
Pero esta vez Riquelme exigió solo "jugar de local" y recibió a los dirigentes en su casa, dónde trascendió que les lanzó:  "Yo solo quiero volver a jugar en Boca, ustedes hagan lo que quieran". Ante eso, para no quedar una vez más en off side, los dirigentes habrían reculado en la idea de algunos de ponerle nuevas condiciones, para no quedar aun más expuestos.
Riquelme decidió que la reunión fuera en su casa justamente para que no ocurriera lo de fines de diciembre pasado, cuando a los 5' de cada cónclave se salió a decir que había exigido más tiempo de contrato o un "dólar blue".
Los condicionamientos que le quisieron poner ahora y la respuesta y predisposición de Riquelme para volver a pesar de todo demuestran como había sido la real historia de hace un mes.
Riquelme retomará los entrenamientos el lunes por la mañana y volverá a las canchas "en marzo, cuando empezará a percibir los haberes, ya que durante la pretemporada que hará en febrero no cobrará", según dijo el presidente del club, Daniel Angelici.
Tras la segunda derrota de verano de Boca ante River en el verano, el astro llamó a Bianchi para ofrecerle volver al club porque lo veía "sufriendo". "Quiero que suframos juntos", le dijo Román al entrenador.
"Con 34 años, es una pena que no esté jugando al fútbol. Creo que eso es lo que se debe estar planteando. Si hubiera venido con nosotros a la pretemporada, estaría mejor de lo que está hoy", aseguró ayer Bianchi, en conferencia de prensa.
"Lo que pasa con Román es que se dio cuenta de que no tiene que dejar de jugar al fútbol", añadió Bianchi.
Riquelme se reunió, al cabo, con el representante del jugador, Daniel Bolotnicoff, Angelici y César Martucci, el secretario del club, en su casa de Don Torcuato durante dos horas y media.
Tras el cónclave, se concretó el retorno, al cabo sin tocar ningun punto del contrato que tiene hasta mediados del año próximo.

Las posiciones de Angelici y Bianchi

"Recién terminamos la reunión de Comisión Directiva, les comenté la charla telefónica que tuve en la semana y hoy (por ayer) la reunión personal con el entrenador. La comisión ha decido por unanimidad, que por la voluntad del jugador de volver a entrenar, retorne al club", dijo Angelici.
"El tenía un contrato vigente que se va a respetar. Aclaramos algunas cuestiones. Quería charlar cara a cara, algunos dirigentes tenían la duda por los siete meses parado y las dos pretemporadas que no hizo. Es hincha de este club. Nos manifestó que tenía la voluntad de cumplir con los 18 meses y luego dejar de jugar para trabajar con esta Comisión Directiva", agregó el presidente.
Antes de juntarse con Riquelme, Angelici se reunió con Bianchi en Casa Amarilla por la mañana y el técnico le expresó que no tenía un jugador como él en el plantel. Y todo parece indicar que fue fundamental su opinión para el desenlace de la historia. Igual, lo más importante fue la propia decisión del 10. Si los dirigentes o el DT igual miraban para otro lado, les quedaba poco margen para el futuro próximo...


Las certezas de Ramón, las preocupaciones de Bianchi


Las conclusiones del Superclásico en Mar del Plata
Ponzio, Vangioni, Mora, claves en River. Boca, por ahora, es el mismo desde que se quedó sin Riquelme.




Las consecuencias son de verano, las conclusiones no. Que nadie engañe a nadie. Ningún aficionado al fútbol puede creerse eso de que el Superclásico del sábado en el Minella fue un “amistoso”. Nunca lo es en el verano, mucho menos en este, con todo el clima y la expectativa de afuera, y con la enjundia con que se disputó adentro, incluso por sobre el filo del reglamento,- particularmente interpretado por Pablo Lunati, por otra parte-.
Las consecuencias son de verano, es verdad, como golondrinas, efímeras, aunque no siempre. Más de una vez se devoraron hasta entrenadores.
Pero las conclusiones siempre son perennes. Aunque Carlos Bianchi no lo admita y se queje de los tres Superclásicos seguidos, está bien claro que el sábado sacó ricas conclusiones porque el partido tuvo todas las características de uno por los puntos.
Pasa que a veces los entrenadores quieren disimular la preocupación por esas conclusiones. Pero Carlos Bianchi está suficientemente capacitado y es tan inteligente que sabrá sacarle el “jugo” necesario a ese balance. Aunque con las salvedades que sí se deben marcar en un partido de verano y en un principio de ciclo, y en una pretemporada que puede presentar diferentes niveles de trabajos físicos en cada plantel.
No obstante lo cuál quedó claro el sábado que, por ahora, con equipos titulares enfrentados (de los “indiscutibles” podrán faltar Trezeguet en River, Juan Manuel Martínez en Boca) el equipo de Ramón Díaz cuenta con más rápidas certezas a favor. Logró parar una formación que se mueve alrededor de un eje, Leandro Ponzio, un “reggista” a lo Pirlo (también salvando las distancias), que logra distribuir y ordenar partiendo desde la recuperación, siempre y cuando no se desordene y disperse él. Y ahí estuvo la primera gran diferencia. El “5” de Boca, Leandro Somoza, no solo recuperó poco, sino que lo poco que recuperó lo perdió demasiado rápido, algo que por otra parte le sucedió casi todo el año pasado.
Otras certezas de Ramón: lo bien que empezó Vangioni, lo aceptable que volvió Román, los goles de Mora, la claridad conceptual de Mauro Díaz, un enlace rescatado del ostracismo por el DT.  Eso sí, los lios que provocó Lautaro Acosta por los extremos en los primeros 25’ dejan flotando los interrogantes sobre esa “línea de tres” que puso el entrenador.
Bianchi, en cambio, con conclusiones iniciales más negativas, y no solo por el resultado, deberá tomar nota no solo de los problemas de Somoza para ordenarse y ordenar, sino también de las dificultades de Franco Sosa, del despliegue muchas veces improductivo de Walter Erviti, de los inconvenientes de la zaga y de la brecha que queda entre esa zona y la del volante central. Y da la sensación que ya habrá advertido que, por capacidades técnicas, Lucas Viatri es un delantero más integral que Santiago Silva, quien la única vez que quedó frente al arco el sábado desperdició su chance ante la buena tapada de Barovero tras exquisito pase riquelmeano de Leandro Paredes.
Y ahí hay que detenerse, irremediablemente. Las  intermitencias de Paredes. Siempre insinua que puede ser conductor. Todavía no está para asumir ese rol.
Una vez más, como desde hace tiempo, se parte en Boca desde un error de diagnóstico de los dirigentes. Por soberbia, impericia o cierta perversidad creyeron que con esto alcanzaba para volver a marcar diferencias, para aspirar a llegar a una final de la Copa. Así asumieron las tratativas para la vuelta de Riquelme, por la que nunca hicieron nada en serio. En realidad, hicieron todo. Pero para que no volviera. Le pusieron las trabas más insólitas. Y el sábado, en la cancha, se vio una vez más que su ausencia se agiganta cada vez más. El equipo fue más de lo mismo y solo se explica por Riquelme que estos jugadores hayan llegado a una final de Libertadores.
Resta saber si el plus que le puede dar Carlos Bianchi equipara esa ausencia para volver a llegar tan lejos. Nunca hay que subestimar ese plus. Aunque Bianchi no juega, ni es mago.


Nunca le abrieron la puerta de entrada



No era  solo Falcioni. Tal como siempre lo expusimos en estas páginas, y tal como lo graficó muy bien y muy sintéticamente Diego Latorre en Olé en julio pasado, después del anuncio tras la final con Corinthians, A Riquelme le abrieron la puerta de la salida. Pasaron muchas cosas en el camino pero el escenario no cambió en lo sustancial:  A Riquelme no le abrieron ahora la puerta de entrada.  Por eso reitera, seis meses después, que no vuelve a Boca, al menos a jugar al fútbol.
Es más, la única verdad es la realidad y la realidad es tan cruel en este asunto, que la verdadera puerta de salida se abrió ya hace poco más de un año, con las elecciones en Boca, cuando Daniel Angelici  obtuvo algo más de 13.000 votos, en una elección llamativamente muy concurrida. Angelici  había sido el tesorero que había hecho toda una campaña para el no al contrato de cuatro años para Riquelme, y sostenía que solo se le tenía que firmar por dos. Angelici fue luego presidente y Riquelme se fue a los dos años.
¿Qué hubo una negociación en el medio? ¿Qué para qué Riquelme se reunió con Bianchi en la casa del DT, en una “mateada” a la que después se sumó Angelici?  (¿cómo convidado de piedra?). Es la prueba de que hasta último momento lo pensó, tal como lo dijo ayer Riquelme. Cambiar su postura, por Bianchi y por Boca. Pero mientras lo pensaba evidentemente comprobó que las condiciones de fondo no habían cambiado desde esa puerta de salida abierta de par en par.
¿De cuántos jugadores y pases de hoy del fútbol argentino se conocen los más mínimos detalles de sus contratos? ¿De cuántos se habló tanto de la negociación, de los términos, de la cotización del dólar? ¿Por cuánto dinero y en qué condiciones, y con qué color de dólar volvió “Rolfi” Montenero a Independiente de una plaza tan fuerte economicamente como la mexicana? ¿Algún dirigente de Independiente acaso hizo”filtrar” esa información para que periodistas se ocupen en exponer al jugador?
Son esas  todas cuestiones que suenan odiosas para el público y que, en este caso, los dirigentes de Boca se ocuparon minuciosamente en darlas a conocer para exponer una vez más a Riquelme. Detalles que ni siquiera sabemos todavía hoy si son absolutamente ciertos en su minuciosidad porque en los últimos días solo se escuchó a una fuente, los dirigentes, y nunca a la otra parte.
(Eso sí, ni ellos, ni sus “voceros” periodistas informaron, ya que les importaba tanto el color del dólar, que a Riquelme le deben desde hace más de un año la friolera de un millón y medio de dólares, y que cada vez que Boca sale afuera o negocia un contrato de televisión, cobra el doble por Riquelme, y en el ilegal “dólar blue”)
En efecto, desde la “mateada” con Bianchi hasta la reunión de la Comisión Directiva del viernes a la noche se infligieron las reglas más básicas del periodismo, esas que dicen que hay que chequear las informaciones con no menos de tres fuentes, y no que todas provengan de la misma parte en conflicto. La mayoría de los colegas dieron por sentadas las cosas que les iban contando los dirigentes sobre los mínimos detalles de contrato que supuestamente se estaban discutiendo con Riquelme. Usar el potencial no es lo más aconsejable en esta profesión,-que no es una ciencia exacta y que, por lo tanto, no se maneja con verdades absolutas- pero mucho menos asegurar lo que solo una fuente “te confirmó”. El viernes casi todos afirmaron que Riquelme había “faltado a la reunión”, que Riquelme había pedido un “dólar blue”, como antes habían dicho que había “exigido” la extensión de su contrato. Todo por palabra de los dirigentes. Nada de parte del 10, su representante o quienes pudieran ser sus “voceros”, que habían hecho “silencio stampa”.
“Pecados” que todos alguna vez cometimos en pos de la información. Nadie está exento. Pero lo cierto es que toda esa difusión de detalles, que buscó dejar expuesto y mal parado a Riquelme una vez más, terminó siendo parte del problema.  Mientras el 10 pensaba, escuchaba y veía, y terminaba de comprobar que la puerta seguía cerrada cuando “pour la gallerie” se decía que estaba abierta.
El escenario era el mismo que hace seis meses, el mismo que hace un año, el mismo que cuando Angelici hizo campaña en contra de su contrato. Igual escenario afuera de la cancha. Adentro las cosas cambiaban. Estaba Bianchi para garantizarle liderazgo y sentirse cómodo y valorado en el final de su carrera. Eso evidentemente no lo sopesó Riquelme a la hora de decisión final, o, en todo caso, pesó menos que lo extradeportivo.  Y quedará en su conciencia si estuvo bien o no.
Desde afuera, sin embargo, él ya había hecho su último invalorable aporte al hincha de Boca. Al desnudar miserias con su “cadena nacional” desató el Bombonerazo que terminó con Falcioni. Bianchi, al cabo, está de vuelta gracias a Riquelme. Aunque no podrá tener al 10 en la cancha.

         


Virtudes inesperadas



Las noticias se van sucediendo día a día. A todo 7D le toca su 14D, y a todo su 8D le toca su 12D....
Hace exactamente una semana el panorama de Boca era diametralmente opuesto al que se vive ahora. El 8D, en la última fecha del Torneo Inicial del fútbol argentino, estalló de bronca La Bombonera. Y ya nada fue igual. Pero para ese 8D, fue imprescindible antes un 6D. El día en el que el máximo ídolo de la historia del club, Juan Román Riquelme, empezó con su "cadena nacional" para hacerle un nuevo aporte a Boca, ahora ya no desde la cancha, y "destapar" de una vez por todas todo lo que estaba mal hasta ahí, que tenía como corolario la inminente renovación de un entrenador muy cuestionado, Julio César Falcioni, no solo por los objetivos no cumplidos de 2012 (más allá de las frías estadísticas, supuestamente positivas) sino por lo que se veía en la cancha, después justamente del adiós de Riquelme. Un equipo sin alma, sin juego, sin identidad, sin una idea futbolística clara. Un "caldo de cultivo" que había empezado a gestarse con la propia salida de Román, que fue el producto del hartazgo, de que le abrieran la puerta de la salida, con la sobreactuación de la confirmación de Falcioni,-incluso antes de la final de la Copa-, a pesar de que la relación con gran parte del plantel estaba virtualmente rota tras el papelón protagonizado por el DT en Barinas.
Hoy, a esta altura, el 14D,-cuando esto se escribe-, y a la espera del devenir final de los acontecimientos, quedarán dos preguntas para la historia contrafactual, que, en realidad, para la historia real no sirve, solo cabe como apunte o anécdota: ¿Qué hubiera pasado si Riquelme no hablaba? ¿Qué pasaba si el último partido de Boca del campeonato lo jugaba de visitante y no de local, con lo cuál hubiera sido imposible el "Cabildo Abierto" que surgió el sábado?. Siguiendo el juego, probablemente la respuesta sería la continuidad de Falcioni como DT en 2013.
Pero la única verdad es la realidad y lo cierto es que, al parecer, y hasta el momento, el presidente de Boca, Daniel Angelici, hizo de la necesidad una virtud. Como él mismo lo dijo, escuchó el pronunciamiento del hincha y del socio. Tarde, pero seguro. Quizá si le tocaba el timbre en julio a Bianchi, se ahorraba seis meses de desventuras y el propio Bianchi le tocaba a su vez el timbre a Román y se evitaba tamaño desencuentro entre un club y su máximo ídolo. Desencuentro que todavía pone en duda que el 10 vuelva sobre sus decisiones,-como todo ser humano hace todo el tiempo en su vida- y se transforme en el mejor refuerzo de lujo para Boca.
El mérito de Angelici no fue unicamente escuchar y resolver rápido. También se bajó de una escalada de egos y él mismo volvió sobre sus propias palabras y terminó diciendo que Riquelme "es jugador del club y tiene las puertas abiertas". Y no tuvo reparos en ir, justo el 12D, a buscar a la casa al técnico que pedía la gente, y ayer, además, comunicó muy bien el estado de situación. El ofrecimiento de tres años de contrato es también un acto de justicia para el DT que debió haber sido el Ferguson de Boca, entrenador vitalicio, algo que impidió el ego de Mauricio Macri. Y ahí surge otra virtud de Angelici: el resolver por sí mismo, cortar el cordón con quien aparecía como su sostén político en Boca. Porque por más que ahora el Jefe de Gobierno porteño, por diplomacia y conveniencia política, diga que no interfiere en estas últimas decisiones, la verdad es que hace dos semanas Macri dijo que prefería para Boca a "un técnico no mayor de 40 años" y hace una semana, en Radio Mitre, justo en la mañana del Día de Furia en la Bombonera, lanzó, casi ironicamente, que "Riquelme tendrá su partido homenaje".
Lo cierto es que, si todo termina positivamente, Angelici habrá refundado su gestión a un año de asumir. Y tendrá blindado, con el mejor gerente posible, al fútbol profesional. Podrá abocarse de lleno a otras cuestiones que hasta ahora no manejó bien en el club o que aun no se mejoraron. Y ojalá también se dedique a cortar con su última gran mancha: la connivencia de años de directivos de Boca con la "barra brava", algo que también quedó transparentado en aquel 8D y en las declaraciones previas del 10 sobre "los muchachos de atrás del arco que hacen muy bien su trabajo".

La "cadena nacional" del silencio





No llama la atención que en la conferencia de prensa del lunes no le hayan preguntado a Daniel Angelici por la connivencia con los "barra bravas" y la postura que una vez más asumieron estos sujetos el sábado, justamente amedrentando a los que cantaban a favor de Riquelme y la vuelta de Bianchi, y en contra de Falcioni y el propio presidente de Boca.
Los "malos" estaban del lado de él, y nadie le preguntó porque. Pero no llama la atención. A las conferencias de prensa van cronistas que después tienen que convivir diariamente con dirigentes y empleados del club y que seguramente temen "represalias" en forma de ninguneo, reticencia de información, puertas que se cierran.
Sí llama la atención que periodistas con más espaldas, que se llenan la boca con aquello de que Javier Cantero (el presidente de Independiente) está solo en su lucha frente a los "barra bravas", guarden silencio con esta cuestión.
Al cabo, Riquelme estuvo más al lado de Cantero con todo lo que dijo en la semana que cualquier dirigente del fútbol argentino. Al sacarles una vez más la careta a lo que nunca les dio plata y que por eso son los únicos que no cantan por el máximo ídolo en la cancha de Boca. Y no solo eso: que también "hacen bien su trabajo" (¿se necesita, a esta altura, preguntarse quien se los encarga?) para sacar las banderas y amenazar a los que quieren pedir por el 10.
Angelici se quejó en esa conferencia de una supuesta "cadena nacional" de Riquelme para predisponer en contra al público de Boca. Y dice que escucha al socio. ¿Acaso el socio y el hincha no estaban ya mal predispuestos por un técnico que nunca estuvo a la altura de la identidad de Boca y por un equipo que no transmitía nada en la cancha? ¿Acaso Riquelme no hizo más que interpretar al verdadero y genuino hincha de Boca, como el número 1 de ellos mismos?
Esa "cadena nacional" de Riquelme, sin embargo, fueron cuatro notas el jueves, y otra intimista el viernes con Alejandro Fantino. Se puede contraponer facilmente el ejercicio de las notas que le hacen en "llamativa" cadena a Angelici cada vez que quiere comunicar algo, desde los socios adherentes, los "pasaportes a Japón", a los carnets para los chicos o los sobreactuados respaldos a Falcioni en cada viaje de Copa Libertadores en los que el plantel practicamente no tenía diálogo con el entrenador.
Es curioso, un hombre que pertenece a un sector político que tiene como una de sus muletillas la palabra "diálogo", cuida celosamente el silenciamiento de ciertos temas escabrosos en este Boca (no son los únicos, por cierto) y se enoja porque el máximo ídolo del club por una vez sale a decir algunas verdades y se queja por una supuesta "cadena nacional" que, ni por asomo, es la que le arman cuando quiere su corte de adulones.
También es muy curioso que la gente sin palabra o con una contradicción a cada esquina ahora se agarre de una frase de Riquelme para cerrarle las puertas en Boca, como si ya no se las hubieran cerrado ellos mismos antes. "El dijo que no va a volver en pantalones cortos", repite Angelici.
El mismo presidente que declaró persona no grata al representante de Roncaglia,-después del papelón de imprevisión dirigencial de que Boca juegue una segunda final de Copa sin el futbolista que había marcado el gol en la primera- y que después terminó firmando con él la incorporación de Ustari. "Con ese señor no vamos a negociar nunca más un pase", dijo en aquel momento.
El mismo Angelici que prometió un Boca que volviera a estar "entre los cinco clubes más prestigiosos del mundo" y después el equipo terminó jugando una gira bochornosa e interminable por Centroamérica y Colombia, un año después de haber participado,-con la anterior conducción-, en una gira por España e Inglaterra.
De sus contradicciones y promesas incumplidas se podría hacer un libro. Pero parece que el único que tiene que ser esclavo de sus palabras es Riquelme. Y si no hablara mejor. Y si el equipo jugara de visitante, mejor todavía. Ya estaría confirmado Falcioni.