Vasos

Del medio vaso vacío y el medio vaso lleno se habla mucho por estos días. Una cita que lanzó, más precisamente, el ex presidente Néstor Kirchner, en referencia a todo lo que se hizo en Argentina en este tiempo de "reconstrucción" y todo lo que queda por hacer. Y a como quedó la Argentina en 2001, después de la entrega y el saqueo; y a todo lo que se hizo, sobretodo a partir de 2003, "para salir del infierno".
Del medio vaso lleno y el medio vaso vacío se habla mucho por estos días. Vale la figura para aplicarla también a este Aldosivi que ayer se despidió de la mejor campaña desde el regreso a la máxima categoría del ascenso en el fútbol argentino, pero que, paradojicamente, lo hizo de la peor manera, con una dura caída por 3 a 0 como local ante Unión.
Justamente hace exactamente una rueda Aldosivi se imponía a Unión, un "histórico" de la divisional, en Santa Fe, por 1 a 0, con mayoría de jugadores,-siete en cancha-, del Proyección Juvenil, de la cantera del club, del proyecto "revolucionario" que llevó adelante Alberto Valastro, que motorizó Andrés Rebottaro,-el técnico que llevó a Aldosivi al ascenso y el mismo que condujo futbolisticamente este tiempo de transición-, y que ahora controla Alejandro Giuntini.
Con aquel gol de Gonzalo Scoles en Santa Fe se completaba la mejor cosecha de puntos (30) en un semestre de Aldosivi en la B Nacional. Marca muy buena para los objetivos fijados, justamente esa política de transición, con la meta de consolidarse en la categoría. Mucho más de lo esperado aun se obtuvo a comienzos de este 2009, con la llegada de Matías Gigli y Mariano Campodónico, para potenciar esa base.
Pero se creyó que Aldosivi contaba con más de lo que realmente tenía. Y, además, se quedó en el momento álgido del campeonato sin su mejor futbolista, el que le podía dar volumen de juego, Elvio Martínez.
Vino la debacle. Faltaron argumentos para el tramo final del campeonato. Se persistió en algún error táctico que costó partidos claves (la "bendita" línea de tres) pero quedó la sensación que hasta ahí daba Aldosivi.
Paradoja del destino, en la función de despedida, cuando el técnico quiso poner el equipo que más siente y que más le gusta, con el dispositivo clásico, con cuatro defensores (también producto de las ausencias), tres volantes y un conductor, todo se trastocó a último momento porque la "ola" de gripe afectó casualmente al conductor en tren de regreso, Elvio Martínez, y a sus dos posibles reemplazantes, Rodríguez Rendón y Alfredo Ramúa.
Al cabo, más allá del 4-4-2 alternativo y las posturas, lo que se paró en la cancha no fue ni siquiera una sombra del Aldosivi de comienzos de año. El aspecto anímico ya había dado un golpe irreversible. Las oportunidades perdidas cuando los rivales todavía le daban chances de promoción, y el mal de ausencias del final, habían causado un duro efecto. El equipo de Mar del Plata, herido en el corazón y en la cabeza, fue superado rapidamente por Unión (ese mismo Unión que había sucumbido ante los pibes de Aldosivi en Santa Fe) y a los 7' del segundo tiempo ya la historia estaba terminada. Increiblemente, el mejor hombre de la temporada, el arquero Pablo Campodónico, se contagiaba de la desazón y cometía un triste "blooper" al tratar de salir jugando, lo que fue aprovechado por César Pereyra, quien ya había convertido también el segundo tanto.
Final del juego. Ahora habrá que ver cuál es el futuro. Lo ideal sería que los hombres que se encargaron de la "reconstrucción", Alberto y Adrián Valastro, continúen. (Sería una picardía que no pudieran terminar lo que empezaron, aunque si tomaran otra decisión dejarían a Aldosivi mejor que como lo encontraron).Y que se sumen otros, si es posible. Que Rebottaro y Giuntini sigan haciendo su trabajo de base y docencia, aunque también esten capacitados y experimentados para la primera y el desafío del ascenso, si es que así lo quisieran y se lo pidieran. Ellos, o el técnico nuevo que llegue, que puedan traer sus jugadores para sumar a esta base, que puedan armar su equipo, en la defensa de una idea clara y sin "versos" ni excentricidades tácticas. Ya bastante mal nos fue con técnicos "poco serios" o "del ascenso", que van por "el puntito".
El cierre de ayer, el lapidario 0-3, el equipo sin corazón, cabeza y juego; más las oportunidades perdidas y las cuatro últimas derrotas consecutivas, fueron el medio vaso vacío. Pero, grata sorpresa, el público supo valorar, al final del partido,-que fue el cierre de la campaña-, el medio vaso lleno. Hubo aplausos y aprobación, por el esfuerzo, por la marca histórica, por los pibes, por haber llegado hasta la última fecha con posibilidades de ascenso, por la "reconstrucción"... Un signo de madurez y de memoria, siempre saludable y bienvenido.

Hubo un planteo, falta una idea

Argentina fue muy criticada después de haberle ganado a Colombia, por las eliminatorias para el Mundial de fútbol de Sudáfrica. Y recibió algunos elogios, quizá demasiados, tras haber perdido con Ecuador cuatro días más tarde. El resultado, por lo que se ve, entonces, no es lo único, como pregona el hoy el secretario técnico de los seleccionados nacionales.

Las verdades a medias pueden hacer las veces de una mentira: la Selección hizo en Quito un planteo "inteligente". Para defender. Para contraatacar. No para mantener el dominio del partido. No para administrar energías y la pelota, lo que más se aconseja en la altura.

Estamos hablando de Argentina. ¿Está bien quedarse con el elogio por el planteo defensivo de una potencia del fútbol mundial ante un equipo de segundo nivel?

Ese elogio, a secas, quedaría mejor si se tratara de alguna selección de algunos de los países "emergentes" en fútbol. Como Ecuador. O el propio Chile de Bielsa, que, de todos modos, fiel a la idea de su entrenador, va al frente en todos lados.

Pero Argentina no es ni Ecuador ni Chile. Es Argentina. Tiene otras obligaciones. Que no pasan únicamente por llegar al Mundial sino de ir a jugarlo con identidad y posibilidades ciertas de estar entre los cuatro primeros, lo que en la última Copa estuvo a una docena de minutos de conseguirse y que no se logró por caer en los penales ante otra potencia, nada menos que del país organizador. Importa llegar al Mundial, claro. Pero también el cómo.

Y cabe decir, después de esta última serie de dos partidos, ante Colombia en el Monumental, y frente a Ecuador en Quito, que hoy la Selección no tiene un patrón de juego, una idea, un concepto para imponer, más allá del rival y la circunstancia. Ganó el partido que debió haber perdido, jugando muy mal en River; y perdió el partido que pudo haber ganado (pero también perdido por más goles), jugando un poco mejor... al contraataque, que se supone que no es la idea que Maradona desea preservar para el equipo.

En el Monumental no hubo un solo "mano a mano" de un delantero argentino con el arquero rival. Y tuvimos tres atacantes, que, sumados, valen más de 200 millones de euros. El único gol lo hizo "el Cata" Díaz. Y todavía no se pudo descifrar el porqué de la extraña forma en la que se paró el equipo.

En Quito, ante enormes espacios y facilidades que le dio el achique de Ecuador hacia adelante en el primer tiempo, sí hubo algunos "mano a mano" pero no se pudieron ni se supieron definir. Después, en el segundo tiempo, la Selección retrocedió aún más y le regaló terreno y pelota al rival, lo que llevó a un final irremediable. En una y otra situación, con espacios y situaciones en el primer tiempo, "revoleando" la pelota para despejar como en el segundo, nunca o casi nunca le quedó la pelota al pie a Messi o Tevez, los cotizados delanteros, para que no tengan que disparar y ahogarse en el intento. Argentina no tiene armador de juego. Asistencias así, al pie, hubo justamente una entre ellos, de Messi a Tevez, y algo más les llegó por la presión de Fernando Gago, quien efectivamente fue el único futbolista con capacidad mínima de abastecer a los delanteros.

Pero es verdad que hubo progresos.

En lo colectivo, sólo para la coyuntura. Y hasta ahí. Para saber que se puede defender bien. Aunque no del todo bien. Porque se perdió.

Y progresos en lo individual. La ratificación de Andújar (aunque recibió dos goles) aporta algo más de certezas que el inactivo Carrizo. El par de inesperadas proyecciones de Heinze. La solidaridad de Maximiliano Rodríguez. Lo que aporta Zanetti. La mejoría de Gago, en una función algo más lógica que la del sábado. La promesa de Otamendi, quien igual falló en momentos decisivos (absolutamente entendible en un debutante, aunque estas instancias no son para probar y "hacer experiencia").

Se viene Brasil. Y el rival más deseado es hoy el más temido, porque efectivamente llega mejor. Pero en los clásicos no sirven los pronósticos. También llegaba un poco mejor Brasil al anterior choque en el Monumental y Argentina lo doblegó con "baile", claro que con la conducción de Juan Román Riquelme, quien esa noche hizo un golazo que abrió el partido y quien todavía hoy es goleador de la Selección en estas eliminatorias, junto con Messi y Agüero, aunque el 10 de Boca no jugó los últimos cinco partidos.

El gran choque es el 5 de septiembre. Faltan tres meses. El tiempo que tiene Maradona para definir a qué quiere que juegue la Selección, lo que aún no se sabe. Y después ver si lo puede plasmar en la cancha con los nombres que elige.

El día que la pelota no dobló

La pelota no dobló, efectivamente, aquel tórrido mediodía de junio de 1996. Daniel Passarella, el técnico de aquella Selección Argentina de fútbol, inmortalizó la frase: "acá la pelota no dobla". Y, efectivamente, ese día en el Atahualpa de Quito, la pelota no dobló. Pero sí se nos doblaron las piernas cuando intentamos subir las escaleras del estadio hacia los pupitres de prensa. Había que pasar entre la multitud, subir entre la gente, como en el viejo San Martín, por ejemplo. Pero no entre plateas. Entre una popular atiborrada de espectadores. Tan apretados subimos, que cuando bajamos, al cabo del 0-2 en contra, teníamos 400 dólares menos en los bolsillos.

Pero antes de eso, un cóctel revulsivo: la falta de aire por las escaleras y la altura; el sol embriagador del mediodía en un estadio, el Atahualpa, que es un olla; y el smog y la humedad de Quito en el punto más alto. Cuando ya estuvimos ahí arriba, con las piernas dobladas y con menos aire que en La Paz,-veníamos de la derrota en Bolivia-, justo nos tocó un sector ubicado en línea recta hacia el vértice desde dónde Ariel Ortega lanzó los tiros de esquina en el segundo tiempo. La pelota nunca le dobló. Salió derecha y disparada. El cóctel revulsivo y la densidad de la atmósfera también afectaban la velocidad y la dirección del balón. Passarella tuvo razón. Y después de ese viaje "negro" en las alturas, vinieron viajes con más futbol y más alegrías, la Selección se recuperó y terminó primera en las eliminatorias para Francia 98.

Pero allí, dónde la pelota no dobla,-aunque en un horario más "normal", las 16 de Quito-, hoy volverá a jugar Argentina. Allí dónde la pelota tiene que estar siempre bien cerca o tratar de que corra siempre ella y casi nunca sus ejecutores. En Quito, casi o tanto como en La Paz, hay que administrar la energía y el aire, y es imperioso achicar la cancha,-esa olla-, hacia adelante o hacia atrás, pero siempre con la pelota al pie.

Para ello, ¿será la mejor elección apelar a dos volantes de largo trayecto como Maximiliano Rodríguez y Jonás Gutiérrez en los extremos? Eso, justamente, opciones hacia los laterales, es lo que faltó en la cancha de River el sábado, más allá de las corridas desenfrenadas y desordenadas de Jonás. Pero en la altura no hay que "disparar". Todo lo contrario.

Y es cierto, como dicen Diego y Bilardo, que parece que la pelota es parte del cuerpo de Messi. Por eso no debería faltar hoy, como en ningún partido de Argentina. Aunque bueno sería que le llegue la pelota al pie para ejecutar y no que tenga que bajar tantos metros para salir disparado y terminar yendo al choque. En la Selección no tiene a Iniesta y Xavi. Siguen sin ponerle interprétes de características similares para asistirlo. Quizá Fernando Gago, justamente el más castigado de los jugadores argentinos del sábado,-porque lo hicieron jugar en una extraña posición-, pueda ser ahora la "llave" para tener la pelota y distribuirla con criterio desde el medio hacia adelante. O una de las pocas alternativas.

Ese es el diagnóstico, para el partido dónde la pelota no dobla. Pero todo esto puede autodestruirse en cinco segundos a partir de las 18 de hoy. Ojalá, los que le insuman a una genialidad de Messi o a una "patriada" de Tevez. Ojalá que no, los que tarde una corrida de Ayoví para llegar hasta Andújar y definir. Cualquiera de esas dos situaciones o muchas otras parecidas pondrán en marcha la Dinámica de lo Impensado, siempre presente en el fútbol. Pero para la que también hay que estar siempre preparado, con orden e identidad de juego, dos atributos que todavía no tiene el equipo de Maradona. Por lo menos hasta aquí. Hasta hoy...

Otra vez un Daniel Alberto endereza el camino al Mundial

"El Cata" Díaz logró el gol de la victoria sobre Colombia por 1 a 0. Argentina no jugó bien, se vio dominado en gran parte del partido, pero se acercó un poco más a Sudáfrica.

En las eliminatorias de 1985, para el Mundial que después ganó Argentina, en este estadio Monumental se estaba complicando demasiado la clasificación hasta que un Daniel Alberto, Passarella, tomó "la lanza" y salvó al equipo elevándose hacia el cielo del partido con Perú y dejando a Ricardo Gareca para que empuje el balón sobre la misma línea de sentencia.
Ahora, catorce años más tarde, en el mismo escenario, tras la goleada vergonzante sufrida ante Bolivia, y poco después de un primer tiempo en el que el seleccionado argentino de fútbol fue dominado ampliamente por su par de Colombia,-y hasta sobrevolaron los fantasmas del "Tren" Valencia, aunque en este caso se trató apenas de un "montacarga" sin gol-, apareció otro Daniel Alberto para enderezar el camino hacia el Mundial de Sudáfrica, que ya se estaba complicando demasiado. Este Daniel Alberto es Díaz, "El Cata", que apareció por detrás de una jugada con pelota detenida, un centro impecablemente ejecutado por Verón, para el único gol de Argentina, en la victoria sobre Colombia por 1 a 0.
Antes y después la Selección de Maradona se vio maniatada por una Colombia que jugó mejor pero que no supo definir. Queda por preguntar a qué jugó,-a qué juega-, Argentina. Con tres defensores, tres centrales, el equipo de Maradona tuvo muchos problemas en los extremos, justamente lo que mejor explotó Colombia. Fernando Gago nunca hizo pie en una extraña posición como volante por derecha y debió ser reemplazado por Zanetti en el entretiempo. Argentina arrancó sin laterales. Colombia jugó con cuatro. Dos en posición natural de marcador de punta, Perea y Armero, y dos volantes de afuera que son también muy a menudo laterales, Zuñiga y Armero.
Por otra parte, Argentina jugó con tres delanteros a los que casi nunca les llegó juego. Y el resultado se sostuvo en el final por el alma de Mascherano,-que había tenido muchos problemas en el primer tiempo-, y por la entereza, la capacidad de recuperación y la presión de Verón. Pero el reprobado lo salvó un Daniel Alberto...Otro que nos acerca al Mundial cuando la brújula parecía perdida.

Sin manzanas

La semana pasada, en el término de tres días, el canal público de televisión, Canal 7, la Televisión Pública, emitió dos partidos de fútbol de diferente nivel, pero con un atractivo estético similar. En ellos se pudo ver, casualmente o no, al mejor equipo del mundo, Barcelona, y su exhibición ante Manchester en la final de la Liga de Campeones de Europa, y al equipo que hoy por hoy juega mejor en Argentina, Huracán, en la jornada en la que trepó a la punta del Clausura, al menos por un rato.
Por otra parte, bajo la línea federal con la que se concibe hoy el canal del Estado, en ese marco, el partido de Aldosivi de Mar del Plata del próximo domingo, ante Quilmes, también se podrá ver por el 7, para todos.

Al cabo, todo esto es un símbolo, que quizá, ojalá, pueda ser un adelanto de lo que se viene por el impulso del proyecto de la nueva Ley de Medios, que lleva adelante el gobierno nacional pero con un amplio espectro de respaldos de organizaciones no gubernamentales y de trabajadores del ámbito en cuestión. Fútbol de primer nivel para todos. O al menos una oferta más amplia de ese fútbol para lo que no pueden tener televisión por cable ni mucho menos pagar un codificado.
El fútbol es parte indivisible de nuestra cultura y, como tal, ocupa un espacio importante en la programación "revolucionaria" de Tristán Bauer, el titular de todo el Sistema de Medios en Argentina, el creador del Canal Encuentro (un lujo para los argentinos), también un feliz proyecto hecho realidad del gobierno nacional.

Lo cierto es que en tres días mucha pero mucha gente que en Mar del Plata y en todo el país, casi nunca o nunca pueden ver en su casa algunos de los clásicos más importantes del fútbol argentino, pudieron disfrutar esta vez de la consagración de Messi y compañía, observar un partidazo entre Barcelona y Manchester, con la bronca de Carlitos Tevez (quien muchas veces fue calificado como "el jugador del pueblo") y el viernes asistir comodamente frente a sus televisores al partido en el que Huracán, el equipo que juega el fútbol que le gusta a la mayoría de los argentinos, llegó a la punta, al menos por un rato. Y una "yapa", sin codificar: el hacedor de ese equipo, el técnico de Huracán, Angel Cappa, fue un comentarista de lujo en aquella transmisión de Barcelona - Manchester, por el viejo y querido Canal 7, que ya no corta manzanas. Y para todos.

Después de Tucumán, antes de tres finales

Aldosivi no pudo en Tucumán, aunque no estuvo tan lejos. Perdió ante Atlético por 1 a 0, en la noche del lunes, y sigue abajo de Belgrano de Córdoba e Instituto de Córdoba en su aspiración de llegar a la promoción para el ascenso a Primera A del fútbol argentino, a la vez que ya quedó definitivamente al margen del descenso directo, aunque a esta altura esa posibilidad solo era matemática.

Rapidamente se puede repasar lo positivo y lo negativo del paso por Tucumán. Para después sí pasar a lo que viene, que es definitivo, ya sin especulaciones posibles, en los últimos tres partidos del campeonato, ante Quilmes, Ferro y Unión.

Lo positivo es que una vez más se comprobó que el sueño no está tan lejos. Las imagenes de la televisión mostraron una fiesta multitudinaria, con el público de Atlético disfrutando que está al borde del ascenso. Aldosivi no fue mucho menos que Atlético en la cancha, tampoco a lo largo del certamen. Esa fiesta es posible en Mar del Plata, más temprano que tarde. Pero daría la sensación que, tanto en este partido puntual, como en la campaña en general, se perdieron oportunidades valiosísimas. Pero es positivo saber que Aldosivi está ahí, en el umbral, y que llegó hasta allí con una idea de transición, de proyección de jugadores del club que ya conforman la base del equipo.

Lo negativo es que estando tan cerca Aldosivi no pudo dar el salto de calidad. Si en este partido se hubiera soltado desde el arranque como en los primeros 20 o 25 minutos del segundo tiempo, quizá otra hubiera sido la historia. Casi una metáfora de toda su campaña. La pregunta es si con este plantel de transición, ¿estaba en condiciones de dar ese salto de calidad, de arriesgar sin red, de apuntar a algo más? Ahora, en los tres partidos que restan, no le queda más que tratar de comprobar si es posible.

Y en función de esos tres partidos decisivos que se viene para tratar de darle el "asalto" final a los cordobeses convendrá tener claro que el partido no solo se perdió porque Roselli no cerró bien ni hizo pie sobre la línea. A esa jugada se llegó porque una vez más, por el extremo derecho del ataque rival, Aldosivi tuvo problemas. El precio que tuvo que pagar en varios partidos de este campeonato por no jugar con marcadores de punta netos. Resignó eso para reforzar el medio, y eso quizá le sirvió para no quedar tan lejos ante los encumbrados, en trámites como los de Tucumán. Pero es como la historia de la manta que tapa la cabeza y destapa los pies o al revés. Y el problema de no jugar con dos laterales, además de dos volantes por afuera, no se limita a la cuestión defensiva (al fin y al cabo, Aldosivi no tiene tantos goles en contra en el campeonato) sino que implica no explotar convenientemente los extremos en ataque, que los jugadores que intentan generar juego no cuenten tantas alternativas de pase a los costados, que los delanteros aparezcan muchas veces de espaldas al arco y no para definir desbordes y centros atrás de otros compañeros. Eso también se vio en Tucumán. Ojalá se pueda superar en las tres finales que vienen.

Kilómetros


Para quienes recorrimos miles y miles de kilómetros del país junto a los equipos marplatenses desde hace mes de veinte años, en los diferentes torneos, regionales o del interior, con un sueño de trascendencia nacional, este logro de Unión, del fútbol de Unión, genera una doble satisfacción.

Así como el Aldosivi de Andrés Rebottaro marcó un hito, consiguiendo el ascenso por la vía deportiva y al cabo de toda una campaña, después de veinte años de frustraciones, este Unión sienta otro hito, el del ascenso con título de campeón, o ganador de una final sin necesidad de promoción, que además es el segundo pasaporte consecutivo, después del pase de la C a la B. Esa es una satisfacción, disfrutada a la distancia, identificados, los de acá, con los que nos representaron periodísticamente allá.

La otra alegría tiene que ver con las formas, tal como lo destacó en la edición de ayer de LA CAPITAL el periodista Sebastián Arana, quien acompañó gran parte de la campaña de este Unión. Porque quienes estuvimos, efectivamente, más de veinte años junto a los equipos marplatenses en estos largos periplos, siempre sostuvimos, y pregonamos, que aun en estas categorías, con estas presiones y estos filtros, se podía llegar, -y, es más, había más posibilidades así-, a través del buen juego, del toque, del respeto de un estilo. Sin hacer trampas ni tiempo, sin "revolear" la pelota, sin técnicos "sacapuntos" (que generalmente son los que menos sacan), sin la premisa del "ganar como sea", que nunca terminamos de entender.

No queremos más a los técnicos del "puntito". Marcelo Zwicker y el juego de su equipo demostraron que no hay ni "técnicos del ascenso" ni "equipos del ascenso". Es más, para aspirar a ascender, tienen que sentirse de mayor categoría, tienen que atreverse a jugar de otra manera. Eso lo hizo Unión y por eso llegó donde llegó.

De una u otra manera, salvando las distancias, también lo había concretado Rebottaro en aquel ascenso histórico de Aldosivi, cuando en Córdoba, ante un histórico como Racing, salió a jugar como en el Minella, con dos volantes ofensivos por afuera y con una gran voracidad y protagonismo.

Así fue este Unión del "Gancho", apuntalado por la consecuencia de dirigentes como "Cacho" Pagano y José Piovano, que llevaron adelante un proyecto en serio, desde la concepción de inferiores, desde Pintado y hasta Zwicker. Un proyecto que, seguramente, no terminará acá. Más bien recién empieza.

Los miles de kilómetros, eso sí, derivaron en este sendero. Decantaron en juego. Todos los caminos del fútbol derivan en el fútbol. Si no estaremos perdidos.