Informe de la situación

Maradona fue el mejor futbolista del mundo de todos los tiempos. Pero Maradona no es técnico. Ya se escribió esto, en este mismo espacio, antes de que asumiera en la Selección. Maradona no es técnico. Y mucho menos entrenador (que no es exactamente lo mismo). Maradona no es técnico, ni entrenador = la Selección , "su" Selección, no es un equipo. Ni siquiera es una idea. ¿Alguien se puede sorprender por eso? En tiempos en los que se le asigna tanta importancia al técnico y/o el entrenador, y se desestima, increíblemente, el valor de un conductor en la cancha, nada podía ser de otra manera.
Pero como fue Maradona quien decidió bajarse del trono de los dioses por "querer ser" el técnico-entrenador de la Selección, pues ahora es inevitable criticarlo por su cometido en esta función.
Maradona, en primer término, no habla de fútbol, ni de la Selección en estas habituales conferencias post derrotas. Maradona habla de sí mismo, y de sus hijas, y de que no va a renunciar. Prolonga la arenga del vestuario, donde no hay casi charla técnica. E inventa un enemigo, que no es ni Haedo, ni Luisao ni Luis Fabiano: la prensa. Cuando en realidad no se entiende que de parte del 95% del periodismo deportivo argentino reciba tantas indulgencias, cuando fue él quien decidió bajarse de ese trono por "querer ser" el DT de Argentina.
Lo cierto es que la Selección , en la que figura Maradona como entrenador, completó la peor serie de su historia en eliminatorias. Nunca había perdido tres partidos seguidos y nunca había caído tan abajo desde que se juega en Sudamérica por el sistema de todos contra todos. No son sólo estadísticas. Los resultados, más que nunca -se notó- fueron el producto de una confusión general.
Quien decidió bajarse del pedestal, del mito, fue él, no nosotros. Entonces, ¿por qué tanta indulgencia? Si ésta es la peor serie de la Selección argentina en una eliminatoria. Seguramente porque a Maradona lo queremos mucho, porque cuesta criticarlo. Entonces el resultado es que ahora tenemos dos preocupaciones: la Selección, que no tiene pie ni cabeza, y Maradona, a quien queremos tanto.
Por este trauma es quizá que ahora algunos colegas cambian de repente el eje de la discusión. Resulta que hasta hace unos meses toda la culpa era de Basile, y ahora toda la culpa es de los jugadores. Que no tienen actitud, que no rinden como en Europa, que hay que jugar con los del medio local?
Pero no es tiempo de más experimentos. Ni de pruebas de laboratorio. Está en riesgo la clasificación al Mundial. Y la responsabilidad es de este "técnico", de quien lo eligió y de los jugadores que prefirió. Y habrá que recurrir también a los que faltan.
Como dice "el Bambino" Veira, ahora lo primero que tiene que hacer Diego es elegir bien. De una vez por todas. Entre los de allá, los de acá o de donde sea.
Pero sin experimentos, arengas, videos "motivadores" ni voluntarismo. Debe elegir a los mejores y para encontrar urgente un esbozo de identidad de equipo tendrá que poner a cada uno en su lugar y ya no sólo recurrir al organizador de juego que desestimó, sino también a más organizadores secundarios para ordenar la casa. No estaría mal, en este sentido, recoger las sugerencias de los verdaderos docentes en esto. Angel Cappa, por ejemplo, dijo hace muy poco que Bolatti sería "imprescindible" en este momento de la Selección. Ciertamente se trata de un jugador que ordena un equipo por sí solo, aun uno que ni siquiera puede juntar once, como pasa con Huracán.
Y el principal organizador, obvio, es Riquelme (Aunque, a esta altura, con él solo no alcance para encauzar este caos). Pero Maradona tendrá que ir a buscarlo, si es necesario, al entrenamiento de Boca, con toda la humildad,-también bajarse ahí del pedestal- y convocarlo. Y después de una larga charla Riquelme tendría que aceptar. Sin abandonar ninguno de sus principios éticos, que lo llevaron a renunciar a "esta" Selección, no sólo por lo que dijeron de él, sino y fundamentalmente, por los manejos turbios que vio en la salida de Basile, movimientos encabezados por algunos de los impresentables que supuestamente no lo querían en el grupo y que no se supieron desenvolver sin él como conductor de juego, o los que "encanan" a los compañeros y no pueden marcar ni a la madre.
Habrá que apelar al ejemplo de Francia. Antes del Mundial pasado estaba al límite, el técnico Doménech no encontraba el equipo y Zidane había renunciado a la selección. Zidane, sin dirigirse la palabra con Doménech, fue convocado, depuso su actitud, jugó el Mundial y fue el mejor futbolista de Alemania 2006. La Selección debe estar por encima de los hombres y esto lo debe saber bien Maradona. Y la historia la hacen los jugadores, no los técnicos, también lo sabe Maradona.

Informe de la situación II

Antes "la culpa era de Basile", cuando Argentina estaba tercera en las eliminatorias, más allá de rendimientos errantes especificamente en la clasificación sudamericana (no así en la Copa América, dónde la Selección dio una verdadera lección de fútbol más allá del resultado del a final), pero cuando el Mundial todavía estaba muy cerca. Y con Brasil,-por ejemplo-, se empataba de visitante, casi a punto de ganar...
Ahora "la culpa es de los jugadores", cuando Argentina perdió cuatro de los últimos cinco partidos, por primera vez en la historia de las eliminatorias sufrió tres derrotas consecutivas y no se sabe a qué juega, y el equipo deambula en la cancha, sin brújula, sin idea y sin estilo.
Antes la culpa era de Riquelme. Según algunos integrantes del "grupo", el 10 de Boca "le hacía mal al grupo". Ahora resulta que se dice que en la Selección hay "dos bandos", que hay una "interna feroz" y hasta se desliza que parte del cuerpo técnico y dirigentes comprobaron que los que realmente le hacían "mal al grupo" eran los mismos que decían que "Riquelme le hacía mal al grupo". Confuso intringulis con repetición de palabras. Confusa Selección con repetición de males. Aunque los supuestos responsables ya no están.
Ahora parece que se está al borde de la tentación de pasarse para otro lado. Se dice que los futbolistas que vienen de afuera "no tienen actitud" y se piensa, para "resolver" las eliminatorias, en un equipo con mayoría de jugadores del "fútbol local". Cuidado con el "suicidio", si es que ya no se empezó a consumar con los desastres de Rosario y Asunción. ¿A qué "fútbol local" nos referimos? ¿Al mismo que en uno de sus dos equipos más grandes hacen volver a un jugador que una semana atrás participaba de un torneo de veteranos, como Matías Almeyda, con todo respeto para su categoría y esfuerzo?
Este es un tiempo y una situación en que el corazón se debe mantener caliente, pero la mente bien fría.
Algunos de los futbolistas que vienen del exterior está claro que no eran tanto, ni tan poco. Un par, o tres o cuatro, los que realmente le hacen "mal al grupo",- y que encabezaron ese estúpido cántico que hacía alusión que en la Selección había lugar para ellos y "nadie más", que se escuchó en el vestuario en Glasgow-, no deberían volver más. Algunos de ellos se dice que fueron también los que le vaciaron la paciencia a Basile, para decirlo delicadamente. Uno, incluso, le dio el primer empujón a la carrera de un arquero, hace justo una rueda, con un "blooper" de aquellos, por el que otro pagó "el Pato"...
Está claro, además, que no eran "Mascherano y diez más". Nunca un volante central de recuperación (sobretodo con todos los buenos que hay en Argentina, uno de los puestos en los que no hay problemas) puede ser esencial, imprescindible, en nuestra Selección. Habría que revisar eso, y muchas cosas más. Por ejemplo, también que Verón puede ser importante como acompañante pero nunca como conductor o emblema. Ya lo fue en el Mundial 2002. Y todos sabemos como y cuando volvimos.
Otra cosa para poner en cuestión debería ser el rol de Messi. Le hacen creer que es el mejor y quiere resolver todo por sí solo, como si ya fuera el mejor. Le hacen un mal. El "simessismo" puede ser tan nocivo como el "sidieguismo". Necesita abastecedores adentro de la cancha... y docentes afuera...
En suma, sencillamente, deberán estar los mejores. De aquí, de allá y de más allá. Y con un baño de humildad. También adentro y de afuera. Y con organizadores de juego para ordenar el caos. Pero sin locuras. Con realismo. Asumiendo que el Mundial hoy está lejos, pero los culpables bien cerca, sin necesidad de buscarlos hacia atrás.

Lo bueno y lo malo

Aldosivi volvió a ser inexpresivo en la primera derrota como local en este campeonato de la Primera B Nacional de fútbol, ante Atlético de Rafaela 1 a 0. Y volvió a carecer de profundidad. Y repitió enormes grietas defensivas.
Una a favor y una en contra: tuvo una "pizca" más de juego que ante Quilmes, pero el rival fue infinitamente inferior.
El campeonato recién empieza y Aldosivi está evidentemente en la búsqueda de una fisonomía de equipo.
Preocupa la inexpresividad, la falta de imaginación. Pero contra Quilmes falló la defensa y falló el ataque y se cubrieron mal los costados. Y lo que cambió ante Atlético de Rafaela, con las mismas preocupantes características, es que al menos se vieron intenciones de generar cierto volumen de juego, a partir de la calidad de Frangipane. No tuvo continuidad y la pleyade de volantes que tuvo a su alrededor no lo acompañaron bien. Algún encuentro en el primer tiempo con Jorge Velázquez, lo que potencialmente podría dar con más minutos junto a Alejandro Aguirre...
De todos modos, ya se expresó después de Quilmes: Es mejor haber tocado fondo en el rendimiento de entrada y no al final del certamen. En esa búsqueda, queda mucho margen para mejorar en Aldosivi.
La mala, se insiste, es que el rival de ayer, Atlético de Rafaela, tampoco mostró demasiado. Y le llegó bastante, desnudó sus problemas defensivos estructurales, y le ganó en casa.
Un dato positivo final de este momento de Aldosivi aparece ya en el futuro inmediato. Para un equipo que anda mal quizá no hay nada mejor que encontrarse con el más encumbrado. Y justo el jueves juega en San Juan ante San Martín, líder del certamen. Una oportunidad inmejorable para despegar.

Le faltan ideas, orden y "trabajo de campo"

Hubo demasiada preocupación por el envase. No se supo mejorar el contenido. Importó demasiado el cambio de escenario para Argentina – Brasil. Y, en efecto, la cancha de Central y Rosario recibieron a la Selección con toda la pasión y metieron la mayor presión posible. Pero lo más importante es el fútbol. Ausente siempre en la Selección de Maradona en sus tiempos de eliminatorias.

No hay equipo. No existe una idea. No hay línea de juego. El caos le gana al orden. El arquero da muchos rebotes, y duda. La zaga no despeja, ni cierra, ni defienda, ni sale. Pierde de arriba y de abajo. A Heinze Brasil lo deja libre, adrede, y Heinze no sabe que hacer con esa libertad. Porque no puede. Verón no conduce, ni recupera, ni distribuye. ¿A qué juega Verón en esta Selección?. A meter algunos buenos pases circunstanciales y a meter una corrida de 80 metros en el último minuto, ya sin posibilidad de revertir nada, para ganarse el aplauso de algunos hinchas.

Mascherano no contiene. Y se dispersa. Se desordena. ¿Para que se pegó a Kaká en algún pasaje del partido si después Kaká lo dejó desairado cuando quiso? Para el técnico es Mascherano y diez más. Así, hay que revisar a los diez. Y a Mascherano también.

En esta Selección, además, Messi no desequilibra. ¿Cómo es posible? Si es el jugador más desequilibrante del mundo. Primero, porque aun no supo él marcar la diferencia en la Selección , no mostró todavía el “fuego sagrado” de los verdaderamente grandes con esta camiseta. Porque se empecina muy seguido en la misma jugada, la apilada heroica y a mil que termina con una de más. ¿Por qué dispara? ¿Qué carrera quiere ganar? Da la sensación que se siente superior a los demás pero que después le cuesta demostrarlo. Y, ante todo, ya en la Selección nadie lo abastece convenientemente. En Argentina no tiene a un Xavi, a un Iniesta. Y lo peor es que, en partidos adversos como este ante Brasil, uno mira el banco y ni siquiera allí hay una alternativa para que Lio tenga la usina de juego que necesita. Sino, irremediablemente, tiene que bajar casi hasta el medio y empezar a disparar. Que ganas no le faltan, y tampoco tiene nadie que lo ordene desde afuera.

Brasil tuvo todo el orden que le faltó a Argentina. No es un equipo brillante, como otros de la historia de Brasil. Pero sí tiene algunos jugadores brillantes que terminan explotando la practicidad y el orden del resto del equipo. Están como agazapados para pegar la estocada final. Kaká (quizá hoy, conceptualmente, el verdadero mejor jugador del mundo), Luis Fabiano. Es cierto que antes de esos aguijones, Brasil administra demasiado. Es austero, casi mezquino. Siempre da la sensación que el equipo de Dunga ahorra, se guarda algo. Pero nunca o casi nunca sus jugadores corren de atrás a los rivales. Como pasa, por ejemplo, con Mascherano en el medio de la Selección.

El Mundial no está lejos aun en los números. Pero sí si no aparece una idea. A Argentina le falta, antes que nada, juego. Pero también trabajo. Y parece mentira, por todo “el verso” que pululó en el final del proceso anterior con respecto al “trabajo”. Primero habrá que definir que es “trabajo” en el fútbol. Seguro no es pasar videos para insuflar de ánimo. Ni editar otros videos para las cuestiones tácticas. Eso es aleatorio. El trabajo es en el campo. Con la pelota. Y en eso esta Selección “duerme”. Tampoco sirve ya la excusa del tiempo. Por diferentes circunstancias, antes de esta serie el técnico tuvo a los jugadores una semana (incluso Messi no jugó el último partido de Liga) y antes de la anterior serie, como ya había receso en las ligas, los tuvo más de diez días. Pero no hubo casi concentraciones, ni doble turno. Y sí los jugadores desfilaron por todos los programas habidos y por haber, incluso horas antes de Brasil. Sin ir más lejos, Maradona estuvo media hora en un programa de medianoche, ya en el día del clásico.

La elección de una zaga “de cabotaje”, sin rodaje internacional, fue una prueba patética de esa falta de trabajo. Más que buscar el equipo en el campo, lo buscamos en otro equipo y recurrimos a la pareja de zagueros del actual campeón local que, por ejemplo, ya había mostrado peligrosas grietas en el partido ante Boca por la Sudamericana.

Nada es casual. Más allá de los goles que se pierden o alguna pelota que circunstancialmente no entra. La Selección fue puro vértigo, no tuvo cerebro, careció de ideas. Y terminó muriendo a los centros. Como cuando nos volvimos al tercer día en un Mundial. A este todavía ni siquiera llegamos.

El otro clásico

Quisimos aproximarnos en tiempo y espacio a los que ibamos a vivir en pocas horas. Y para abordar Rosario, su sensibilidad, y el fenómeno del fútbol, nada mejor que ir a una de los “hogares” más queridos de Roberto Fontanarrosa. Por eso, en la tarde del sábado, antes de dirigirnos a Arroyito, a la cancha de Central,-otra “casa” de “El Negro”- para el increíble Argentina – Brasil de las eliminatorias para el Mundial de Sudáfrica, vamos al remozado pero siempre mítico bar El Cairo, dónde nos sentamos junto a esa mesa especial, diferente a todas las demas, ubicada en el centro del lugar, hecha con una estructura de hierro y base de vidrio. La célebre Mesa de los Galanes, el otro clásico de Rosario. Ellos, los que están, los que no (fisicamente), y sus duendes, nos pueden inspirar sobre lo que está por pasar.

Y ante todo sentimos que aflora el orgullo. De los duendes del Negro, y de los personajes que todavía hoy se reunen en ese “centro ceremonial” de la Mesa de los Galanes. El orgullo del Colorado Vázquez, de Chiquito Martorell, del Negro Centurión, del Peruano Castillo, de Rogelio Bayá, de Dali López.

Orgullo porque esa Mesa, como en un juego de cajitas chinas, es el centro del centro del universo del fútbol. Aquí juegan Argentina – Brasil, el clásico del fútbol mundial y por al lado de este punto neurálgico, de este vidrio que es espejo de los sueños de todo Rosario, pasan hinchas que llegan de todo el país, periodistas, curiosos, turistas extranjeros. Los Galanes son consultados casi como garúes, casi como la vidente Doña Rosa del Negro Fontanarrosa, la antítesis de esa grotesca pitonisa política de nuestros días que se la pasa anunciando apocalípsis que no llegan nunca. Claro que los Galanes no son magos,-aunque arrastran el aura de la magia de ser amigos del Negro-, y no podían augurar, ni desear claro, el casi apocalipsis que significa para la Selección perder con Brasil, y así, sin jugar, como ocurríría horas después.

Pero los Galanes, antes que nada, aman el fútbol. Y están más allá del resultado. Es el legado del Negro. “A mí me gustaría que Argentina gane jugando mejor que Brasil”, le desliza Martorell a LA CAPITAL. En ese escenario, obviamente, no se puede traicionar la sensibilidad. El cómo importa tanto o más que el que. Porque, además, estos verdaderos sabios, no como algunos de los que pululan en la tele y en las radios, están seguros de que cuidando las formas, en fútbol, el objetivo se cumplirá más fácil.

Nada de eso ocurre por la noche. La Selección Argentina no solo descuida las formas, ni siquiera las tiene. No es un equipo, no insinua siquiera una idea en la cancha. Sacrilegio. En la tierra en la que las ideas fluyen. Por el Che, por Menotti, por ese otro Negro, Olmedo. Y por esos Galanes sabios de Fontanarrosa que no dejan de pensar.

Uno de ellos, el Colorado Vázquez, le confiesa a un periodista del diario El Ciudadano: “Los hinchas de Central tenemos que agradecerle a De la Rúa. Con la crisis de 2001 se disparó el dólar, el papá de Messi no le pudo pagar más el tratamiento de vitaminas que se tenía que hacer y por eso se fueron a Barcelona. ¿Pueden imaginarse lo que hubiera sido un clásico rosarino con Messi jugando en Newell’s?”. Tiene razón el Colorado, se salvaron los hinchas de Central. Como no se salvaron los de Real Madrid. Ahora sería bueno que Messi empezara a jugar los clásicos para Argentina.

Aldosivi tocó fondo, con una pobre actuación

A los que están en el fondo del pozo, solo les cabe ir mejorando, canta Serrat. Aldosivi no está en el fondo de la tabla, pero seguro es uno de los equipos que peor juega y que ayer, en el estadio Centenario de Quilmes, completó la más alarmante actuación y cayó ante el local por 2 a 0 en el marco de la tercera fecha del torneo de la Primera B Nacional de fútbol, temporada 2009/2010.

A Aldosivi no se le ve un plan, pierde en las áreas y en los costados, no genera situaciones y ahora le llegan mucho más de lo que llega. Así perdió ante un Quilmes sólido, sobrio, práctico, aunque sin demasiadas luces, que explotó al máximo las facilidades que le dio el equipo de Mar del Plata.

Al arco se llega por el callejón del centro pero siempre hay que tener en cuenta los caminos alternativos, para atacar, y para resguardar, en el aspecto defensivo. En fútbol, está claro, no se puede jugar sin los extremos. Sin tener en cuenta los costados. Pues Aldosivi lo hace.

El partido pareció planteado con un trámite favorable, porque por la iniciativa casi frontal de Quilmes había espacios para explotar para el contraataque. Inclusive se dieron un par de oportunidades, esbozos en realidad, de esas réplicas que no se pudieron concretar. Espacios que no se supieron aprovechar, porque no apareció Alejandro Aguirre como enlace, porque Diego Martínez tuvo que retrasarse demasiados metros para transformarse en la “cabeza de playa” de esas incursiones de contragolpe, pero a riesgo de quedar muy lejos del arco y de no encontrar después destinatarios idóneos, sobretodo porque siempre Diego Leclercq apareció desconectado e impreciso.

Pero así como Martínez también encontraba un panorama desolador a sus costados para descargar en ataque, peor le fue en ese aspecto a Aldosivi en materia defensiva. Cuando el encuentro todavía se planteaba con cierta paridad, Quilmes comprobó que podía llegar con mucha facilidad por los extremos, los que siempre, desde hace mucho tiempo, descuida el equipo de Mar del Plata por jugar con línea de tres, por no poner laterales en cancha.

Fue así como a los 21’ Martín Seri penetró con tanta facilidad como decisión por la franja derecha y mandó el centro para Mauricio Carrasco, quien también cabeceó muy solo para marcar el uno a cero.

Y fue así como a los 33’ Miguel López eligió el otro extremo para entrar con todas las facilidades y enviar el centro para el mismo destinatario, Mauricio Carrasco, quien ahora definió llegando a la carrera, por sobre la salida de Campodónico.

Práctico y letal. Así fue Quilmes en el primer tiempo, explotando los puntos débiles archi-conocidos de Aldosivi, por su insistencia para jugar con tres defensores, entre otras cosas. Solo Emiliano Giannunzio, debatiendose contra todo y contra todos, se salvó del reprobado en este primer capítulo, y quizá algunos intentos en soledad de Diego Martínez.

Aldosivi solo llegó en el primer tiempo, timidamente, con un remate de Juan Briones desde afuera que despejó con esfuerzo el arquero Trípodi y con un disparo también desde lejos de Laureano Tello que se desvió en un defensor tras una buena habilitación de Martínez.

En el complemento Aldosivi buscó con más decisión y coraje pero con la misma alarmante falta de ideas. El equipo de Mar del Plata pudo acomodarse mejor en la cancha y ejerció cierto dominio territorial, quizá porque también Quilmes retrocedió. Pero aun así Aldosivi no fue profundo, como hasta acá en todo el campeonato, y fue inoperante para gestar situaciones claras de gol. Fueron solo aproximaciones. Se cansó el “batallador” Giannunzio, Cajaravilla “tomó la lanza” desde atrás, ingresó Frangipane para tratar de generar algún circuíto de juego pero a su alrededor ya se movía un equipo desmadejado.

La impotencia de Aldosivi, sin llegar nunca con peligro en todo el segundo tiempo aun con más tenencia de pelota, derivó finalmente, a los 38’, en la expulsión de su capitán Sebastián Pena, quien una vez más salió a cortar muy lejos, cometió una falta innecesaria y vio la segunda amarilla.

Al final Quilmes “le hizo precio” en los contraataques e incluso el marplatense Narvay, quien ingresó en la última media hora, tuvo situaciones como para ampliar. A esa altura Aldosivi el único mapa que tenía era el de la impotencia, pero sin conocer la ruta ni el destino. Al menos por ahora. La mejor noticia para el equipo de Mar del Plata es que esto le pasa ahora, en el comienzo del campeonato, cuando todavía le queda tiempo y espacio para corregir el rumbo.

El problema es que la gente no juega, y Maradona tampoco

ROSARIO.- Mucho se habló del escenario. No se supo cambiar el contenido. Se cambió la cancha, el clásico mundial se trasladó al estadio de Rosario Central, “para llevarse por delante” a Brasil pero la única verdad es la realidad, y está “en el verde césped”. En fútbol los de afuera son de palo, y el juego es lo que vale. La gente no juega, Maradona ya tampoco. Y Brasil, con orden y practicidad, administrando talento individual y colectivo, venció por 3 a 1 de visitante a una Argentina caótica, con mucho vértigo y poco orden, sin abastecedores para Messi, en el marco de las eliminatorias para la Copa del Mundo Sudáfrica 2010.

Los otros resultados igual favorecieron a Argentina para todavía estar en zona de mundial. Pero el rendimiento, la falta de una idea de juego, preocupa bastante más que el resultado. Messi no gravitó en su dimensión, no lo abastecieron bien, Verón ni recuperó ni distribuyó, Mascherano no contuvo y la defensa pareció amateur. Enfrente, un equipo.

Con la presion solo no alcanzó. Ni la presión de adentro. Ni la de afuera. La Selección Argentina salió a llevarse por delante a Brasil desde el arranque, con grito ensordecedor de la gente pegada al campo en la cancha de Central y con una situación clara de gol a favor muy clara ya a los 42 segundos de juego. Juan Sebastián Verón abrió hacia la derecha para la entrada profunda de Maximiliano Rodríguez y su centro bajo y rasante fue conectado por Tevez, quien desvió apenas el remate ya en el área chica.

El partido quedó planteado en el arranque con una presión vertiginosa de Argentina en el campo contrario y un Brasil a la expectativa, cerrando espacios, bien retrasado, como casi siempre hace en los clásicos de visitante. Así, a los 12’, otra vez la Selección que dirige Maradona estuvo a punto de abrir la cuenta con una buena penetración de Javier Zanetti, también por derecha, y su habilitación hacia el centro para Lionel Messi, quien mandó un zurdazo fuerte que pasó apenas por encima de travesaño.

Pero con la presión solo no alcanzó. A eso hay que adosarle juego. Una idea de juego. Línea. Orden. Todo lo que no tuvo Argentina, que concretamente solo apostó a eso, a llevarse por delante a Brasil, con el vértigo de adentro, y el aliento de afuera. Pero con voluntarismo solo en fútbol no alcanza. Los de afuera son de palo cuando no se pueden marcar diferencias adentro. Y paulatinamente, con el correr de los minutos, Brasil se acomodó mejor en la cancha, Elano, Gilberto Silva y Felipe Melo se adueñaron del medio y el talento colectivo suplió las escasas apariciones del talento individual que podía aportar Kaká.

Pero la Argentina del primer tiempo no solo fue la falta de una línea de juego. Fue la postura defensiva casi amateur frente a los centros y las jugadas con pelota detenida de Brasil. Así, a los 23’, el equipo visitante se puso en ventaja cuando Elano ejecutó su primer tiro libre brillante desde el borde derecho del área y Luisao cabeceó con absoluta comodidad, frente a la estaticidad de los centrales de la Selección. Practicidad 1, voluntarismo 0.

Argentina respondió muy timidamente con un tiro libre de Verón que fue un buscapié que desvió Maxi Rodríguez casi sin querer y la pelota se fue afuera, contra un palo.

Pero enseguida, a los 30’ Brasil le asestó a todo Arroyito otra dosis letal de realidad. Otro tiro libre, otra vez Elano, tres rebotes, primero le pegó Kaká, después Robinho, no reaccionaron ni los volantes de contención, ni los centrales, ni el arquero, y en última instancia apareció para empujar con comodidad Luis Fabiano. Practicidad 2, voluntarismo 0.

Otro tiro libre de Elano, nueva pesadilla, las dudas de todos, y casi el tercer gol. Despejaron sobre la línea providencialmente. En una reacción casi espasmódica el arquero Julio César tapó sobre el área chica cuando Maxi Rodríguez conectó un centro de Tevez. Messi, desaparecido en acción, desde aquel lejano zurdazo del minuto 12. Desde aquel pase de Zanetti nunca nadie lo abasteció idóneamente.

Lo que mejor intentó Messi, en ese primer tiempo, y en algunos pasajes del complemento, a falta de alguien que le de juego, fueron sus “corajeadas” individuales partiendo casi desde la mitad de la cancha.

Contra un Brasil ordenado pero demasiado mezquino, que renunció a explotar suficientemente los espacios que le quedaron en tres cuartos a kaká, ante la salida de Maxi Rodríguez por ingreso de Sergio Agüero. Argentina fue más coraje que fútbol pero se repitió en centros y tiros desde afuera. Messi, ausente con aviso. Sin un equipo que juegue para él. Con un equipo que no juega para nadie.

Pero uno de esos tiros desde afuera, a los 22’, fue ejecutado brillantemente por Jesús Dátolo y la pelota entró por un ángulo. Voluntarismo 1, Practicidad 0.

Pero, claro, Jesús hace milagros si lo ayudan. Apenas dos minutos más tarde sí le dieron la pelota a Kaká en tres cuartos, Argentina retrocedió muy mal, los defensores esperaron peor, y el ahora conductor de Real Madrid le metió un estiletazo brillante a Luis Fabiano, quien definió con calidad, picándole el balón a Andujar. Practicidad más talento colectivo más talento individual 3, voluntarismo y caos 1.

Escenarios

El escenario es otro. Y seguramente la cancha de Rosario Central será en la noche del sábado una ideal caja de resonancia de la emoción y el sentimiento que genera el fútbol como fenómeno cultural en Argentina. El escenario, el envase, será otro. Habrá que ver, a partir de las 21.30 de esa noche mágica que se viene, cuál será el contenido.

Antes que nada, un Argentina-Brasil encierra un contenido especial en sí mismo, como acontecimiento único en el universo. Es nada menos que el clásico mundial del deporte más popular en la tierra. Del puñado de clásicos mundiales de fútbol de selecciones -que Argentina tiene el privilegio de protagonizar más de uno (Argentina-Uruguay, por el origen de esta historia de los mundiales, por la rivalidad del Río de la Plata; Argentina-Inglaterra, por el origen del fútbol, por otras connotaciones que superan irremediablemente al juego...)-, este con Brasil es el más grande de todos. Sencillamente porque se trata de la rivalidad más grande de la nación futbolera con más títulos del mundo. Una rivalidad sustentada por las estadísticas: Brasil marca superioridad en el concierto del fútbol mundial pero no la puede consolidar concretamente en el mano a mano con Argentina.

Pero el contenido no tendrá que ver únicamente con el significado implícito de un Argentina-Brasil. También y fundamentalmente tendrá que ver con sus actuales protagonistas, con el juego mismo que puedan desplegar.

Y en ese sentido, más allá de que en clásicos como este trazar un pronóstico es aun más ocioso que en el resto de los partidos de fútbol, porque de poco valen los antecedentes, si está claro que este partido puede determinar en otro escenario físico,-la cancha de Central, no la de River-, un nuevo escenario conceptual del fútbol, aunque más no sea provisional.

Veamos: las eras del fútbol hay que delimitarlas con los mundiales como mojones. Bajo esa mirada, todavía hoy estamos transitando la Era Zidane. Nadie lo destronó aunque la FIFA y otras organizaciones vayan eligiendo anualmente al supuesto mejor futbolista del mundo. El año pasado fue Cristiano Ronaldo, el anterior Kaká, este seguramente será ungido Messi. Pero hasta Sudáfrica, cuando sí se verá quién destrona a Zidane, entre estos tres o algún otro (Riquelme, el de características más parecidas a Zidane ya no está en la Selección y entonces no está en carrera), el partido del sábado puede determinar un estado de las cosas, un escenario provisional sobre quién es hoy el mejor futbolista del mundo, justamente porque se enfrentan dos de los tres últimos elegidos (Messi, a cuenta). Kaká es quizá hoy el futbolista más completo del mundo, el más cerebral de los que están en el podio. Y Messi, que sin dudas es el mejor delantero del mundo, quizá es también el jugador más brillante de los últimos meses, además como artífice de la obtención de nada menos que cinco títulos en un semestre con Barcelona. Pero esto es un juego colectivo y hoy en la Selección Messi no cuenta con abastecedores de juego de la talla de Xavi e Iniesta para que el ejecute. Y él mismo no se ha sabido aún integrar al circuito colectivo de la Selección, en esta de Maradona entre otras cosas porque aún no se conoce su línea de juego. Esta es una gran oportunidad para que Messi muestre sus cartas credenciales. No la última ni la más importante, porque faltará aún el Mundial, al que, por otra parte, hay que llegar. Enfrente estará nada menos que Kaká, quien tampoco querrá ceder terreno en ese escenario provisional. Zidane mira de reojo, todavía con la corona puesta.