El otro clásico

Quisimos aproximarnos en tiempo y espacio a los que ibamos a vivir en pocas horas. Y para abordar Rosario, su sensibilidad, y el fenómeno del fútbol, nada mejor que ir a una de los “hogares” más queridos de Roberto Fontanarrosa. Por eso, en la tarde del sábado, antes de dirigirnos a Arroyito, a la cancha de Central,-otra “casa” de “El Negro”- para el increíble Argentina – Brasil de las eliminatorias para el Mundial de Sudáfrica, vamos al remozado pero siempre mítico bar El Cairo, dónde nos sentamos junto a esa mesa especial, diferente a todas las demas, ubicada en el centro del lugar, hecha con una estructura de hierro y base de vidrio. La célebre Mesa de los Galanes, el otro clásico de Rosario. Ellos, los que están, los que no (fisicamente), y sus duendes, nos pueden inspirar sobre lo que está por pasar.

Y ante todo sentimos que aflora el orgullo. De los duendes del Negro, y de los personajes que todavía hoy se reunen en ese “centro ceremonial” de la Mesa de los Galanes. El orgullo del Colorado Vázquez, de Chiquito Martorell, del Negro Centurión, del Peruano Castillo, de Rogelio Bayá, de Dali López.

Orgullo porque esa Mesa, como en un juego de cajitas chinas, es el centro del centro del universo del fútbol. Aquí juegan Argentina – Brasil, el clásico del fútbol mundial y por al lado de este punto neurálgico, de este vidrio que es espejo de los sueños de todo Rosario, pasan hinchas que llegan de todo el país, periodistas, curiosos, turistas extranjeros. Los Galanes son consultados casi como garúes, casi como la vidente Doña Rosa del Negro Fontanarrosa, la antítesis de esa grotesca pitonisa política de nuestros días que se la pasa anunciando apocalípsis que no llegan nunca. Claro que los Galanes no son magos,-aunque arrastran el aura de la magia de ser amigos del Negro-, y no podían augurar, ni desear claro, el casi apocalipsis que significa para la Selección perder con Brasil, y así, sin jugar, como ocurríría horas después.

Pero los Galanes, antes que nada, aman el fútbol. Y están más allá del resultado. Es el legado del Negro. “A mí me gustaría que Argentina gane jugando mejor que Brasil”, le desliza Martorell a LA CAPITAL. En ese escenario, obviamente, no se puede traicionar la sensibilidad. El cómo importa tanto o más que el que. Porque, además, estos verdaderos sabios, no como algunos de los que pululan en la tele y en las radios, están seguros de que cuidando las formas, en fútbol, el objetivo se cumplirá más fácil.

Nada de eso ocurre por la noche. La Selección Argentina no solo descuida las formas, ni siquiera las tiene. No es un equipo, no insinua siquiera una idea en la cancha. Sacrilegio. En la tierra en la que las ideas fluyen. Por el Che, por Menotti, por ese otro Negro, Olmedo. Y por esos Galanes sabios de Fontanarrosa que no dejan de pensar.

Uno de ellos, el Colorado Vázquez, le confiesa a un periodista del diario El Ciudadano: “Los hinchas de Central tenemos que agradecerle a De la Rúa. Con la crisis de 2001 se disparó el dólar, el papá de Messi no le pudo pagar más el tratamiento de vitaminas que se tenía que hacer y por eso se fueron a Barcelona. ¿Pueden imaginarse lo que hubiera sido un clásico rosarino con Messi jugando en Newell’s?”. Tiene razón el Colorado, se salvaron los hinchas de Central. Como no se salvaron los de Real Madrid. Ahora sería bueno que Messi empezara a jugar los clásicos para Argentina.

Aldosivi tocó fondo, con una pobre actuación

A los que están en el fondo del pozo, solo les cabe ir mejorando, canta Serrat. Aldosivi no está en el fondo de la tabla, pero seguro es uno de los equipos que peor juega y que ayer, en el estadio Centenario de Quilmes, completó la más alarmante actuación y cayó ante el local por 2 a 0 en el marco de la tercera fecha del torneo de la Primera B Nacional de fútbol, temporada 2009/2010.

A Aldosivi no se le ve un plan, pierde en las áreas y en los costados, no genera situaciones y ahora le llegan mucho más de lo que llega. Así perdió ante un Quilmes sólido, sobrio, práctico, aunque sin demasiadas luces, que explotó al máximo las facilidades que le dio el equipo de Mar del Plata.

Al arco se llega por el callejón del centro pero siempre hay que tener en cuenta los caminos alternativos, para atacar, y para resguardar, en el aspecto defensivo. En fútbol, está claro, no se puede jugar sin los extremos. Sin tener en cuenta los costados. Pues Aldosivi lo hace.

El partido pareció planteado con un trámite favorable, porque por la iniciativa casi frontal de Quilmes había espacios para explotar para el contraataque. Inclusive se dieron un par de oportunidades, esbozos en realidad, de esas réplicas que no se pudieron concretar. Espacios que no se supieron aprovechar, porque no apareció Alejandro Aguirre como enlace, porque Diego Martínez tuvo que retrasarse demasiados metros para transformarse en la “cabeza de playa” de esas incursiones de contragolpe, pero a riesgo de quedar muy lejos del arco y de no encontrar después destinatarios idóneos, sobretodo porque siempre Diego Leclercq apareció desconectado e impreciso.

Pero así como Martínez también encontraba un panorama desolador a sus costados para descargar en ataque, peor le fue en ese aspecto a Aldosivi en materia defensiva. Cuando el encuentro todavía se planteaba con cierta paridad, Quilmes comprobó que podía llegar con mucha facilidad por los extremos, los que siempre, desde hace mucho tiempo, descuida el equipo de Mar del Plata por jugar con línea de tres, por no poner laterales en cancha.

Fue así como a los 21’ Martín Seri penetró con tanta facilidad como decisión por la franja derecha y mandó el centro para Mauricio Carrasco, quien también cabeceó muy solo para marcar el uno a cero.

Y fue así como a los 33’ Miguel López eligió el otro extremo para entrar con todas las facilidades y enviar el centro para el mismo destinatario, Mauricio Carrasco, quien ahora definió llegando a la carrera, por sobre la salida de Campodónico.

Práctico y letal. Así fue Quilmes en el primer tiempo, explotando los puntos débiles archi-conocidos de Aldosivi, por su insistencia para jugar con tres defensores, entre otras cosas. Solo Emiliano Giannunzio, debatiendose contra todo y contra todos, se salvó del reprobado en este primer capítulo, y quizá algunos intentos en soledad de Diego Martínez.

Aldosivi solo llegó en el primer tiempo, timidamente, con un remate de Juan Briones desde afuera que despejó con esfuerzo el arquero Trípodi y con un disparo también desde lejos de Laureano Tello que se desvió en un defensor tras una buena habilitación de Martínez.

En el complemento Aldosivi buscó con más decisión y coraje pero con la misma alarmante falta de ideas. El equipo de Mar del Plata pudo acomodarse mejor en la cancha y ejerció cierto dominio territorial, quizá porque también Quilmes retrocedió. Pero aun así Aldosivi no fue profundo, como hasta acá en todo el campeonato, y fue inoperante para gestar situaciones claras de gol. Fueron solo aproximaciones. Se cansó el “batallador” Giannunzio, Cajaravilla “tomó la lanza” desde atrás, ingresó Frangipane para tratar de generar algún circuíto de juego pero a su alrededor ya se movía un equipo desmadejado.

La impotencia de Aldosivi, sin llegar nunca con peligro en todo el segundo tiempo aun con más tenencia de pelota, derivó finalmente, a los 38’, en la expulsión de su capitán Sebastián Pena, quien una vez más salió a cortar muy lejos, cometió una falta innecesaria y vio la segunda amarilla.

Al final Quilmes “le hizo precio” en los contraataques e incluso el marplatense Narvay, quien ingresó en la última media hora, tuvo situaciones como para ampliar. A esa altura Aldosivi el único mapa que tenía era el de la impotencia, pero sin conocer la ruta ni el destino. Al menos por ahora. La mejor noticia para el equipo de Mar del Plata es que esto le pasa ahora, en el comienzo del campeonato, cuando todavía le queda tiempo y espacio para corregir el rumbo.

El problema es que la gente no juega, y Maradona tampoco

ROSARIO.- Mucho se habló del escenario. No se supo cambiar el contenido. Se cambió la cancha, el clásico mundial se trasladó al estadio de Rosario Central, “para llevarse por delante” a Brasil pero la única verdad es la realidad, y está “en el verde césped”. En fútbol los de afuera son de palo, y el juego es lo que vale. La gente no juega, Maradona ya tampoco. Y Brasil, con orden y practicidad, administrando talento individual y colectivo, venció por 3 a 1 de visitante a una Argentina caótica, con mucho vértigo y poco orden, sin abastecedores para Messi, en el marco de las eliminatorias para la Copa del Mundo Sudáfrica 2010.

Los otros resultados igual favorecieron a Argentina para todavía estar en zona de mundial. Pero el rendimiento, la falta de una idea de juego, preocupa bastante más que el resultado. Messi no gravitó en su dimensión, no lo abastecieron bien, Verón ni recuperó ni distribuyó, Mascherano no contuvo y la defensa pareció amateur. Enfrente, un equipo.

Con la presion solo no alcanzó. Ni la presión de adentro. Ni la de afuera. La Selección Argentina salió a llevarse por delante a Brasil desde el arranque, con grito ensordecedor de la gente pegada al campo en la cancha de Central y con una situación clara de gol a favor muy clara ya a los 42 segundos de juego. Juan Sebastián Verón abrió hacia la derecha para la entrada profunda de Maximiliano Rodríguez y su centro bajo y rasante fue conectado por Tevez, quien desvió apenas el remate ya en el área chica.

El partido quedó planteado en el arranque con una presión vertiginosa de Argentina en el campo contrario y un Brasil a la expectativa, cerrando espacios, bien retrasado, como casi siempre hace en los clásicos de visitante. Así, a los 12’, otra vez la Selección que dirige Maradona estuvo a punto de abrir la cuenta con una buena penetración de Javier Zanetti, también por derecha, y su habilitación hacia el centro para Lionel Messi, quien mandó un zurdazo fuerte que pasó apenas por encima de travesaño.

Pero con la presión solo no alcanzó. A eso hay que adosarle juego. Una idea de juego. Línea. Orden. Todo lo que no tuvo Argentina, que concretamente solo apostó a eso, a llevarse por delante a Brasil, con el vértigo de adentro, y el aliento de afuera. Pero con voluntarismo solo en fútbol no alcanza. Los de afuera son de palo cuando no se pueden marcar diferencias adentro. Y paulatinamente, con el correr de los minutos, Brasil se acomodó mejor en la cancha, Elano, Gilberto Silva y Felipe Melo se adueñaron del medio y el talento colectivo suplió las escasas apariciones del talento individual que podía aportar Kaká.

Pero la Argentina del primer tiempo no solo fue la falta de una línea de juego. Fue la postura defensiva casi amateur frente a los centros y las jugadas con pelota detenida de Brasil. Así, a los 23’, el equipo visitante se puso en ventaja cuando Elano ejecutó su primer tiro libre brillante desde el borde derecho del área y Luisao cabeceó con absoluta comodidad, frente a la estaticidad de los centrales de la Selección. Practicidad 1, voluntarismo 0.

Argentina respondió muy timidamente con un tiro libre de Verón que fue un buscapié que desvió Maxi Rodríguez casi sin querer y la pelota se fue afuera, contra un palo.

Pero enseguida, a los 30’ Brasil le asestó a todo Arroyito otra dosis letal de realidad. Otro tiro libre, otra vez Elano, tres rebotes, primero le pegó Kaká, después Robinho, no reaccionaron ni los volantes de contención, ni los centrales, ni el arquero, y en última instancia apareció para empujar con comodidad Luis Fabiano. Practicidad 2, voluntarismo 0.

Otro tiro libre de Elano, nueva pesadilla, las dudas de todos, y casi el tercer gol. Despejaron sobre la línea providencialmente. En una reacción casi espasmódica el arquero Julio César tapó sobre el área chica cuando Maxi Rodríguez conectó un centro de Tevez. Messi, desaparecido en acción, desde aquel lejano zurdazo del minuto 12. Desde aquel pase de Zanetti nunca nadie lo abasteció idóneamente.

Lo que mejor intentó Messi, en ese primer tiempo, y en algunos pasajes del complemento, a falta de alguien que le de juego, fueron sus “corajeadas” individuales partiendo casi desde la mitad de la cancha.

Contra un Brasil ordenado pero demasiado mezquino, que renunció a explotar suficientemente los espacios que le quedaron en tres cuartos a kaká, ante la salida de Maxi Rodríguez por ingreso de Sergio Agüero. Argentina fue más coraje que fútbol pero se repitió en centros y tiros desde afuera. Messi, ausente con aviso. Sin un equipo que juegue para él. Con un equipo que no juega para nadie.

Pero uno de esos tiros desde afuera, a los 22’, fue ejecutado brillantemente por Jesús Dátolo y la pelota entró por un ángulo. Voluntarismo 1, Practicidad 0.

Pero, claro, Jesús hace milagros si lo ayudan. Apenas dos minutos más tarde sí le dieron la pelota a Kaká en tres cuartos, Argentina retrocedió muy mal, los defensores esperaron peor, y el ahora conductor de Real Madrid le metió un estiletazo brillante a Luis Fabiano, quien definió con calidad, picándole el balón a Andujar. Practicidad más talento colectivo más talento individual 3, voluntarismo y caos 1.

Escenarios

El escenario es otro. Y seguramente la cancha de Rosario Central será en la noche del sábado una ideal caja de resonancia de la emoción y el sentimiento que genera el fútbol como fenómeno cultural en Argentina. El escenario, el envase, será otro. Habrá que ver, a partir de las 21.30 de esa noche mágica que se viene, cuál será el contenido.

Antes que nada, un Argentina-Brasil encierra un contenido especial en sí mismo, como acontecimiento único en el universo. Es nada menos que el clásico mundial del deporte más popular en la tierra. Del puñado de clásicos mundiales de fútbol de selecciones -que Argentina tiene el privilegio de protagonizar más de uno (Argentina-Uruguay, por el origen de esta historia de los mundiales, por la rivalidad del Río de la Plata; Argentina-Inglaterra, por el origen del fútbol, por otras connotaciones que superan irremediablemente al juego...)-, este con Brasil es el más grande de todos. Sencillamente porque se trata de la rivalidad más grande de la nación futbolera con más títulos del mundo. Una rivalidad sustentada por las estadísticas: Brasil marca superioridad en el concierto del fútbol mundial pero no la puede consolidar concretamente en el mano a mano con Argentina.

Pero el contenido no tendrá que ver únicamente con el significado implícito de un Argentina-Brasil. También y fundamentalmente tendrá que ver con sus actuales protagonistas, con el juego mismo que puedan desplegar.

Y en ese sentido, más allá de que en clásicos como este trazar un pronóstico es aun más ocioso que en el resto de los partidos de fútbol, porque de poco valen los antecedentes, si está claro que este partido puede determinar en otro escenario físico,-la cancha de Central, no la de River-, un nuevo escenario conceptual del fútbol, aunque más no sea provisional.

Veamos: las eras del fútbol hay que delimitarlas con los mundiales como mojones. Bajo esa mirada, todavía hoy estamos transitando la Era Zidane. Nadie lo destronó aunque la FIFA y otras organizaciones vayan eligiendo anualmente al supuesto mejor futbolista del mundo. El año pasado fue Cristiano Ronaldo, el anterior Kaká, este seguramente será ungido Messi. Pero hasta Sudáfrica, cuando sí se verá quién destrona a Zidane, entre estos tres o algún otro (Riquelme, el de características más parecidas a Zidane ya no está en la Selección y entonces no está en carrera), el partido del sábado puede determinar un estado de las cosas, un escenario provisional sobre quién es hoy el mejor futbolista del mundo, justamente porque se enfrentan dos de los tres últimos elegidos (Messi, a cuenta). Kaká es quizá hoy el futbolista más completo del mundo, el más cerebral de los que están en el podio. Y Messi, que sin dudas es el mejor delantero del mundo, quizá es también el jugador más brillante de los últimos meses, además como artífice de la obtención de nada menos que cinco títulos en un semestre con Barcelona. Pero esto es un juego colectivo y hoy en la Selección Messi no cuenta con abastecedores de juego de la talla de Xavi e Iniesta para que el ejecute. Y él mismo no se ha sabido aún integrar al circuito colectivo de la Selección, en esta de Maradona entre otras cosas porque aún no se conoce su línea de juego. Esta es una gran oportunidad para que Messi muestre sus cartas credenciales. No la última ni la más importante, porque faltará aún el Mundial, al que, por otra parte, hay que llegar. Enfrente estará nada menos que Kaká, quien tampoco querrá ceder terreno en ese escenario provisional. Zidane mira de reojo, todavía con la corona puesta.

Sumó, pero no llegó

Sumó un punto contra un equipo que viene de primera división. Mantuvo el cero en el arco propio al cabo de dos partidos. Pero no llevó peligro al arco contrario y perdió la oportunidad de enlazar dos victorias consecutivas como local. Los claroscuros de Aldosivi, anoche, en el 0 a 0 ante Gimnasia de Jujuy, en el estadio del Mundial José María Minella, en el primer adelanto de la segunda fecha del torneo de la Primera B Nacional de fútbol, temporada 2009/2010.
La búsqueda de Aldosivi fue inexpresiva, carente de variantes e imaginación frente a un bloque defensivo bien compacto que formó Gimnasia de Jujuy. Todo eso más allá de las buenas intenciones de Alejandro Aguirre por generar juego, y de algunos de sus compañeros por ayudarlo en ese cometido. Pero sin profundidad, más allá de que no se perdió la línea y casi siempre se mantuvo el orden, salvo en algunos pasajes del segundo tiempo.
La iniciativa de Aldosivi del primer tiempo fue sin profundidad. Tan persistente como prácticamente inoperante. Con escasas situaciones de gol. Mantuvo la línea y cierto orden, y ejerció el dominio del trámite, pero sin llegadas demasiado claras. Alejandro Aguirre trató de asumir la conducción, y de hecho tuvo mucha participación en el juego, aunque no siempre bien acompañado. No obstante, de sus pies y su cabeza nacieron las mejores insinuaciones del equipo de Mar del Plata en la etapa inicial. Una de ellas fue concretamente casi la única oportunidad de peligro, a los 35’ , cuando Aguirre metió un muy buen pase en cortada para Luciano Tello, quien penetró al área por derecha y mandó un buscapié que fue cortado providencialmente por el zaguero Avendaño. De esa acción surgió un córner que terminó con un anticipo al arquero y cabezazo que se fue apenas desviado de Darío Cajaravilla.
También en el primer tiempo dejó dudas una situación en la que el propio Avendaño pareció cometerle falta a Diego Martínez dentro del área pero el árbitro Pablo Díaz no vio penal.
Gimnasia de Jujuy, con pocas ambiciones y escasa penetración en el campo contrario, inquietó no obstante con un difícil centro de Jorge Luna que por poco no conectó Avendaño.
Y en otro remate de Luna fallaron Pena y Campodónico y los jujeños volvieron a estar cerca.
En el complemento Aldosivi volvió a aparecer "muy lejos" del arco rival, o buscándolo pero sin la fórmula para llegar con peligro. Nunca el equipo de Mar del Plata pudo poner a un delantero suyo en posición de gol, más allá de las buenas intenciones de Alejandro Aguirre, y de un par de aproximaciones por los costados de Diego Leclercq, y varios centros de Tello y Nilo Carretero que no encontraron destinatarios. En realidad, a Aldosivi le faltó imaginación y variantes para mover la férrea defensa de Gimnasia de Jujuy, que nunca arriesgó pero que en el transcurrir del segundo tiempo generó cierta zozobra con sus réplicas por las brechas que dejó la línea de tres local, sobretodo desde la salida de Juan Briones.
En efecto, Briones, de buen desempeño, fue reemplazado por Frangipane. Y además de que la contención de Aldosivi se desequilibró, el entrenador no profundizó en la idea de juntar al ex Belgrano con Alejandro Aguirre, quien fue reemplazado sobre la media hora por Jorge Velázquez.
Para un Aldosivi local la "sequía" ofensiva fue llamativa. Apenas inquietó con un remate del propio Aguirre desde afuera que se fue por arriba del travesaño, y con un desborde de Leclercq por izquierda que terminó en un remate débil del delantero en las manos del arquero.
Gimnasia de Jujuy, con poca participación en el juego, incluso llevó más peligro especificamente en una acción, quizá la más profunda de un pobrísimo segundo tiempo. Juan José Arraya abrió hacia la izquierda para Germán Castillo y penetró al área en busca de la devolución que pudo cortar por muy poco Campodónico, a medias, con la pelota boyando en el área chica. El arquero dio rebote en otra acción invalidada por supuesta posición adelantada, y se sumó a cierta confusión de un Aldosivi que mantiene el cero, necesita más juego y no genera casi situaciones. Pero suma y sigue.

Buen triunfo, nueva cara, viejos problemas

Más allá de algunas nuevas caras, de nombres renovadas, de un nuevo plan, más austero, pero en la prolongación de un mismo proyecto, Aldosivi de Mar del Plata no pudo despojarse de viejos problemas futbolísticos, aunque logró un muy importante triunfo ante Deportivo Merlo por 2 a 0 en el estadio del Mundial José María Minella, por la primera fecha de la Primera B Nacional.

Le faltó volumen de juego de la mitad de la cancha hacia adelante. Acumular volantes no es asegurarse el control en el medio. La realidad indicó que las buenas intenciones de Alejandro Aguirre para enlazar con los delanteros tuvo muy poca compañía. Casi nadie sintonizó con sus características de enganche, y a él mismo le faltó gravitación, algo que parece natural si se tiene en cuenta que fue su primer partido oficial desde la traspolación de dos categorías anteriores. No obstante, mostró algo de su calidad y fue el hombre que encontró la llave del partido junto con Darío Cajaravilla en una jugada con pelota detenida. El centro en córner del ex Unión fue bajado con un frentazo muy preciso del zaguero para colocar la pelota contra un palo, dónde no pudo llegar el arquero Jaime, para el 1 a 0.

Sería bueno ver muy pronto a Frangipane junto a Alejandro Aguirre en la gestación de Aldosivi. Si se acumulan tantos volantes, tranquilamente podrían jugar juntos. Esta vez el ex Belgrano y Huracán de Tres Arroyos ingresó justamente por Aguirre.

Los delanteros no estuvieron precisos, más allá del gol del final de Diego Martínez "con ayuda". En realidad, casi nunca les llegó muy “limpia” la pelota. Fue muy auspicioso lo de Laureano Tello por derecha. Un “producto” del Proyección que ya parece haber “madurado” para darle un buen aporte a Aldosivi.

En el fondo también viejos problemas. Esa maldita línea de tres a la que se sigue recurriendo y que genera más brechas que certezas. Contra un rival muy limitado, surgieron inconvenientes impensados en el primer tiempo, con un tiro en el palo de Torres incluído, y un par de temerarias subidas de Pena para salir a cortar demasiado lejos. Para cubrir la franja izquierda, de todos modos, la derecha del ataque rival, al menos ahora Nilo Carretero colabora mejor en el retroceso.

De cualquier forma, el crédito quedó más que abierto. Siempre es mejor hacer las correcciones con los puntos en el bolsillo. Aldosivi hizo pesar la localía en el comienzo del campeonato y sumó un triunfo valioso. Hay tiempo para todo lo que falta.

Lo bueno y malo de Boca y Vélez

Volvió el fútbol a la Bombonera. Y volvió el “fútbol-alegría” del Coco Basile, con un primer tiempo en el que se produjeron los primeros bellos encuentros entre Riquelme e Insúa. Y volvió el fútbol del campeón Vélez, práctico, con temple y paciencia para reaccionar en el segundo tiempo siempre con la pelota como aliada.

Volvió el fútbol a la Bombonera. Y si bien todavía no llegó la gran ampliación, o el proyecto medio de remodelación que ya se había ideado con Pedro Pompilio, nos encontramos con cambios interesantes en el sector de prensa. Se amplió la zona de pupitres para la prensa escrita, a la vez que se sumaron más plateas medias que se le ganaron justamente a ese lugar de prensa. ¿Cómo fue posible? Se agregaron filas de butacas hacia arriba, elevando el sector de prensa, pero a la vez se sumaron más butacas para periodistas en la parte más alta y hubo un achicamiento horizontal, con ubicaciones más angostas, para el aprovechamiento integral del espacio. Un anticipo de lo que puede venir en otros sectores de la cancha de Boca, que justamente ayer fue elegida por el diario Times de Inglaterra como la séptima más bella e importante del mundo, en un ranking que puso al de Borussia Dortmund como el mejor estadio del orbe.

Volvió el fútbol a la Bombonera, con los once de memoria del Coco y una interesante producción de Boca en el primer tiempo. Bien parado, con presión de la mitad de la cancha hacia adelante, con conducción bien participativa de Riquelme y buen acompañamiento de Insúa y Mouche, aunque esta vez con un Palermo desconectado, que no pudo sumarse al circuíto de juego. Los problemas de Boca aparecieron en el segundo tiempo, y sobretodo en la defensa. Cuando se desdibujó Gabriel Paletta (de buen primer tiempo), cuando ya no estuvo Medel (también de buena etapa inicial) y cuando se agudizaron los problemas de Morel por su lateral. Además, con la salida de Riquelme por un problema en sus gemelos, Boca perdió el control del balón que lo mantenía lejos de su arco y se vino Vélez, que no es poca cosa.

La ecuación fue al revés en el campeón del fútbol argentino. Llamativos problemas defensivos tuvo Vélez en la etapa inicial, provocados sí en parte por la presión de Boca, pero también por una nerviosa y desordenada tarea de la zaga Otamendi-Sebastián Domínguez, justamente en la que había pensado Maradona como una alternativa para enfrentar a Brasil. En el caso de Otamendi se comprobó, en forma “patente”, que a veces no hay que acelerar los tiempos de los futbolistas. El pibe tuvo quizá su peor producción en primera división justamente en el momento en el que ya muchos lo elevaban subitamente a un sitial de crack y casi seguro titular en el clásico de Rosario. Tiempo al tiempo.

Pero al contrario de Boca, el equipo de Ricardo Gareca se corrigió en defensa en el segundo tiempo y creció en ataque, no con el brillo que el equipo de Basile expuso en el arranque, pero sí con el talento colectivo, la paciencia y la practicidad de un equipo que sabe como esmerilar rivales con la circulación del balón alimentada por la dinámica de su mediocampo, con un Víctor Zapata que creció hasta equilibrar en la zona en la que Boca había sacado diferencias.

Pronóstico reservado para el desquite por la Copa Sudamericana, previsto recién para el 16 de septiembre. Se trata de dos muy buenos equipos, con matices en sus argumentos, que legitimaron sus aspiraciones con sus pasajes interesantes en la Bombonera, más allá de la ventaja puntual para Vélez por el gol de visitante que vale doble.