Terminó como tenía que terminar

Lo que mal empieza, mal acaba. Terminó como tenía que terminar. Sin plan, sin una idea, sin un equipo, no se puede. Más allá del espejismo de la potencia del ataque, que nos engañó a todos, de alguna manera, y ante rivales sin calificar, en este Mundial a Argentina le faltó la elaboración y el fútbol del que careció en toda la Era Maradona como entrenador, y por eso fue lógico que cayera sin atenuantes, 0 - 4, en el estadio Green Point de esta bella Ciudad del Cabo, frente a un señor equipo como Alemania, que está en semifinales, y que jugará el próximo miércoles en Durban una de las semifinales de Sudáfrica de 2010.
Schweinsteiger se comió la cancha, como nosotros las consonantes cuando lo mencionamos. El 7 jugó para 10, fue el gran recuperador, abastecedor y conductor de Alemania. Y todo el talento colectivo del equipo se desplegó a su alrededor.
Argentina jugó a nada, y ni siquiera aparecieron esta vez sus individualidades. Lionel Messi no apareció en toda su dimensión ante el primer rival fuerte y ya no será su Mundial.
Hay que hacer borrón y cuenta nueva. Alemania ganó al toque, como un viejo equipo argentino, y Argentina, al pelotazo, ni siquiera tuvo la solidez de los viejos equipos alemanes. La crisis de identidad es profunda. La debe resolver un técnico.

por Vito Amalfitano
Desde Ciudad del Cabo, Sudáfrica

Cape Town

Se terminó el ahogo. De repente, un día de Mundial, después de ya casi un mes de un largo viaje, vuelve a estar el mar enfrente. Y así, literalmente.
Para quien pasó toda una vida en Mar del Plata a metros del mar, cada vez que se sale de la ciudad no tener el mar al costado o enfrente provoca una sensación de ahogo difícil de describir. Es como que el mar se transforma en una salida imprescindible. Paradójicamente, en un cable a tierra.
Pues ya en el comienzo del epílogo de este apasionante viaje por la Sudáfrica del Mundial, de repente el mar vuelve a estar enfrente. El mismo grandioso Océano Atlántico. Pero aún más cerca. Quiso el destino -muchas veces las contrataciones de alojamiento aquí tienen poco que ver con lo que le vendieron a uno-, que en esta oportunidad el lugar que nos consiguió Sonia -brasileña, de una agencia de turismo de Johannesburgo a la que entramos por azar-, superara incluso nuestras propias expectativas. Habitación al mar. Pero más que eso. El mar al cruzar la avenida costanera. A veinte metros. Y por el amplio ventanal una vista que nos conmueve cuando nos dicen que la isla que se ve es nada menos que la mítica Robben Island, dónde Nelson Mandela estuvo en prisión durante 18 años, algunos de ellos en condiciones infrahumanas, y dónde se tejió gran parte de la historia de reconstrucción de este país, con un puñado de héroes, parecidos a los 12 apóstoles de Fidel en Sierra Maestra, algunos de los cuáles ahora ocupan las áreas más importantes de los jóvenes gobiernos democráticos.
Así, Ciudad del Cabo impacta desde el primer minuto. Esa vista, ese mar plácido, el brillo del sol encima, 25 grados en la primera tarde, Robben Island enfrente, y en la parte de atrás del hotel el imponente Table Mountain, el Monte Mesa y casi junto a él, el estadio Green Point, que parece desde afuera algo así como una "ensaladera" gigante. Allí hoy jugará la Selección Argentina de fútbol otro de los partidos importantes de su historia, una vez más ante Alemania en cuartos de final de la Copa del Mundo, como en 2006.
Ciudad del Cabo, Cape Town, ya nos recibió y cayó muy bien desde el Aeropuerto mismo, a la altura de los más importantes del mundo, y todo ornamentado con motivos referentes al Mundial de fútbol.
Ojalá esta Cape Town, la denominada "Ciudad Madre" -por ser la población más antigua de Sudáfrica-, ojalá esta hermosa geografía, que nos empieza a preparar de alguna manera para el largo camino de regreso a casa, por el reencuentro con el mismo mar, se transforme también en un gran recuerdo "futbolero", por haber sido la sede plataforma a la vuelta al gran escenario del fútbol, a estar entre los cuatro primeros del mundo. Si el juego así no lo quiere, igual le estaremos eternamente agradecidos al fútbol -una vez más-, por habernos traído hasta aquí.

por Vito Amalfitano
Desde Ciudad del Cabo, Sudáfrica

Soweto

Al final, todo termina en una lucha de clases. O al menos, sino en una contienda o enfrentamiento,-que siempre quedará latente-, en una división. El problema pudo haber sido entre blancos y negros, pero lo subyacente, y lo que lamentablemente perdura, es una división manifiesta de clases, una desigualdad que no se combate realmente si no se encara la "Revolución Económica" después de la "Revolución Política" que llevó adelante Nelson Mandela.
Hicimos un viaje por Soweto, echamos una mirada sobre el populoso barrio, casi una ciudad en sí misma, dónde nació y se crió Mandela, aunque no el lugar donde estuvo más tiempo, porque en realidad la mitad de su vida la pasó en prisión, justamente por su lucha contra el Apartheid, contra el aislamiento, contra una de las formas de división.
Soweto es un área urbana, con casi cuatro millones de habitantes, entre los cuales muchos de ellos ni siquiera conocen el centro de la gran ciudad que habitan, Johannesburgo, 24 kilómetros al suroeste, pero mencionan a Messi y, una vez que penetramos en los asentamientos más precarios, nos gritan "River Plate", "Boca Juniors" e incluso sorprenden con un "¡Riquelme, Riquelme!". Los chicos andan descalzos en pleno invierno, pero igual patean una pelota entre la tierra y saben todo del fútbol, no sólo de la World Cup. Pero probablemente no conozcan nada de los Springboks, los populares campeones del mundo de rugby, la selección sudafricana de ese deporte.
En cambio, en la noche anterior estuvimos en Monte Casino, algo así como Las Vegas en pequeño, y si bien en el patio central se siguen con fervor los partidos del Mundial de fútbol (en este caso España 1 - Portugal 0), en los bellos pasillos del lugar sólo aparece en las pantallas una promoción del próximo partido de los Springboks ante Nueva Zelanda, de rugby. Y está claro que allí concurre la gente más pudiente, mayoría blanca, y todos los que trabajan, desde los hombres de seguridad hasta las mujeres croupiers en el casino, son negros.
Así son los contrastes en este país, y en la propia Soweto. Hay dos Sudáfrica. Como hay dos o más Soweto.
Incluso en esta populosa área hay un sector "para los ricos", como nos aclara nuestro guía, con tremendas casas residenciales. Nuevos negros ricos que no quisieron dejar el origen y formaron su propia barrio "de clase alta" en su lugar en el mundo de siempre.
También está Orlando West, el barrio de Soweto de clase media donde nació y se crió Mandela, con casas bien construidas,pero en las cuales igual habitan demasiadas personas por unidad. Casas que en muchos casos recién ahora tienen propietarios, porque pertenecían al Estado, al que había que pagarle una renta. Ahora, hace un tiempo, el Estado abrió la posibilidad de que sus habitantes las compren con el propio pago de su renta mensual hasta llegar, en algunos casos,- para las casas más precarias- a la suma de 15.000 rans (unos 2.000 y pico de dólares), con lo cuál podrán ya transformarse en propietarios.
En la Orlando West de Soweto también está el Museo Héctor Pieterson, en memoria de los 566 pibes acribillados el 16 de junio de 1976 por reclamar que no los obliguen a estudiar como lengua principal el afrikaaners, el idioma tradicional del apartheid, que habla una de las castas blancas más importantes de este país. El símbolo de ese reclamo es Héctor Pieterson, y la foto que recorrió el mundo. El niño que es llevado en brazos, bañado en sangre, con rostros de desesperación que parecen ser los de sus familiares más directos. Esa foto domina el centro de la escena del Museo, que también va pasando, en sus pantallas, imágenes desgarradoras de aquella matanza. En el patio del Museo, entre pequeñas piedras, hay 566 ladrillos, cada uno con cada nombre de los pibes asesinados por la policía del régimen del Apartheid.
Después de ver eso, y de no poder continuar el camino en la última de las escalas, en la parte de los asentamientos de Motsoaledi, donde sólo hay indigencia, pibes que piden monedas a la vez que nombran a "Messi", "River Plate", "Boca Juniors" y "Riquelme" y la enorme dignidad de Be, quien nos muestra el lugar por dentro y de una señora que incluso nos abre las puertas de su "casa"-, porque la tristeza y la impotencia nos supera, uno imagina que alguna vez esta gente volverá a reaccionar. No ya por un idioma. Sino por las condiciones mínimas de subsistencia. Dios quiera que si ese día llega, la humanidad haya evolucionado lo suficiente, no sólo para que no se repita una matanza como aquélla de los 566 pibes, sino para que, de una vez por todas, les satisfagan esa necesidad. Para comenzar a hacer esa revolución inconclusa. Parece una utopía. Incluso lo admite nuestro guía, casi resignado. Pero utopía fue la de Mandela, y se hizo realidad. Quizá Mandela no quiso o no pudo encarar lo que falta. Alguien lo tendrá que hacer.

Vito Amalfitano

desde Johannesburgo

Enviado Especial a Sudáfrica

Argentina pisa fuerte

Un paso atrás en fútbol, en el rendimiento, en el funcionamiento, en el juego. Un paso adelante en la contundencia, en los números, en el camino hacia la Copa al quedar nada menos que entre los ocho primeros del Mundial. Argentina no pisa firme, pero pisa fuerte en Sudáfrica.
Argentina no juega bien como equipo, pero gana bien por su ataque letal. Por el valor agregado de Lionel Messi, Carlos Tevez, Gonzalo Higuaín, casi, casi, los mejores delanteros del Mundial.
Poco ha cambiado en la instancia de octavos con respecto a lo visto en la primera fase. Argentina doblegó a su rival de turno, México, por 3 a 1 otra vez con la consigna de que no hay mejor defensa que un buen ataque.
Pasó esta instancia por su poder ofensivo, tanto como había pasado la anterior. Pero frente a México hubo incluso un retroceso en el rendimiento, que tampoco había sido óptimo en los primeros partidos. México le manejó la pelota a Argentina en grandes pasajes del encuentro en el Soccer, pero la contundencia en ataque del equipo que dirige Maradona todo lo puede. Ahora con la ayuda del árbitro Roberto Rosetti y su línea, que no vieron, o no sancionaron, la clara posición adelantada de Carlos Tevez en el primer gol, el que le abrió el camino a Argentina. Y después con la inestimable colaboración de la impresentable defensa de México, que dio ventajas y espacios en todo el partido pero con el tiro de gracia que ofreció Ricardo Osorio al regalarle a Gonzalo Higuaín la jugada del segundo tanto.
El resto lo hicieron el pique de Messi en el primer gol; la sobriedad y prestancia en el fondo de Nicolás Burdisso a lo largo del partido completo, incluso para solucionar problemas de sus compañeros; y la mezcla de fuerza, destreza e inteligencia de Carlos Tevez, quien en el primer tanto "guapeó" como decía el Gordo Muñoz de Mario Kempes en el Mundial 78, y en el tercero sacó un remate impresionante que se metió en el ángulo después de una jugada que él mismo "fabricó". Tampoco hay que dejar de lado la tranquilidad y calidad con que Higuaín aprovechó el "regalo" del segundo gol.
Pero a no engañarse. Argentina puede llegar a lo máximo plorque tiene tamaño "poder de fuego". Pero ante México tuvo aun menos idea de equipo que en los tres primeros partidos. No manejó el trámite ni la pelota, en el medio Mascherano luchó solo contra todos y perdió muy seguido y abajo sigue sin haber garantías. Y se viene Alemania. Sería bueno, a esta altura, buscar alternativas para la elaboración de juego (está claro que Verón no es la solución) y el control del balón y del medio (quizá Bolatti o Pastore), para no depender unicamente de la magia de Messi y de que siempre este seca la pólvora de Tevez e Higuaín. Los dioses no siempre vienen solos. A veces también hay que llamarlos.

Vito Amalfitano

desde Johannesburgo

Enviado Especial

De Wembley a Bloemfontein, 44 años después

En el minuto 38 del primer tiempo del gran Alemania - Inglaterra de Bloemfontein del 27 de junio de 2010 se saldó una cuenta pendiente que los mundiales de fútbol tenían "en rojo" desde el 10 de julio de 1966, desde los 10' del suplementario de la final entre británicos y germanos en Wembley. En ese momento estaban 2 a 2, Hurst remató y la pelota dio en el travesaño pero nunca entró. Salvo para el árbitro Dienst, de Suiza. El tanto fue convalidado y después Inglaterra completó la victoria con otro tanto de Hurst para alzarse con la Copa Jules Rimet.
Fue un gol que partió en dos la historia de los mundiales. Todavía se discute. Aunque a partir de ayer la deuda está saldada, los alemanes sonrien con satisfacción, al resto del mundo del fútbol le pasa algo parecido y de ahora en más se hablará de este gol que si fue, y que no fue convalidado, de Inglaterra a Alemania, todo al revés. Efectivamente en el minuto 38' Lampard sacó un remate extraordinario desde afuera del área que pegó en el travesaño y la pelota se metió casi un metro. Increiblemente no lo vio ni el línea ni el árbitro y el gol nunca existió.
El destino no pudo haber sido más preciso y caprichoso a la hora de saldar esa cuenta 44 años después. En aquel Mundial se habló primero de una conspiración consumada en perjuicio de Argentina y Uruguay. Con un árbitro alemán en el Inglaterra 1 - Argentina 0 y uno inglés en la victoria de Alemania sobre Uruguay. De aquella ronda se recuerda la expulsión de Rattín y la afrenta a la alfombra de la reina. Y después llegó la final en la que el gol de Hurst quedó para la posteridad.
Ahora, justamente por esos designios de un destino mundialista prestidigitador, el árbitro responsable del aquel "robo" al revés es justamente un uruguayo, Jorge Larrionda.
En el momento de ese gol de Lampard que se transformó en el escándalo del Mundial de Sudáfrica el partido estaba 2 a 1 para Alemania y ahí pudo haber cambiado la historia. Después se dio un ida y vuelta extraordinario y, al cabo, Alemania mostró todas sus virtudes por las que está merecidamente entre los ocho mejores. Porque, además, da la sensación que está para bastante más que los ocho mejores lugares. con un Mueller intratatable, con el atrevimiento de Oezil, que parece un jugador de potrero argentino.
Más allá de eso lo que parece increíble para cierta idiosincracia es la caballerosidad inglesa en el saludo final de los jugadores para sus contrincantes e incluso para el árbitro, cuando estaba muy claro, no solo por lo visto directamente en la cancha, sino seguramente por lo que les dijeron y quizá también vieron en el entretiempo sobre lo que no fue gol de Lampard solo para la estadística.
Pagaron una deuda que igual no habían contraído ellos. De 44 años atrás. Lo aceptaron como lores ingleses.

Alto Palermo, alto Mundial

POLOTWANE, Sudáfrica.- Hasta para el partido más híbrido, con menos carga de adrenalina, por la casi virtual clasificación y porque el propio rival, Grecia, decidió meterlo en una "conservadora", sin arriesgar para ir en busca de la clasificación, Argentina se las ingenió para brindar emociones. Porque en el último cuarto de hora apareció Lionel Messi en toda su dimensión (ayer capitán por primera vez), con el ingreso de Javier Pastore que le tocó de primera y le hizo la "segunda voz", y porque Martín Palermo escribió un capítulo más en su épica historia futbolística.
Al cabo, Argentina se impuso anoche por 2 a 0 a Grecia en el estadio Peter Mokaba de Polokwane y pasó con la mayor holgura del Mundial a la instancia de octavos de final, en la que enfrentará el domingo a México en el estadio Soccer City De Johannesburgo, a las 20.30 hora local, 15.30 de Argentina.
Como era de esperar, Argentina asumió el dominio y casi el monopolio del balón desde el comienzo. Con Mario Bolatti como eje en el medio, Maximiliano Rodríguez como volante por derecha bien delimitado, con Juan Sebastián Verón hacia la izquierda pero más suelto y con tendencia a cerrarse y dejarle ese callejón a Clemente Rodríguez y con Lionel Messi para enganchar, hacia los delanteros Sergio Agüero y Diego Milito.
Pero el primer gran dato del partido es que Grecia le puso a Messi una marca hombre a hombre como hacía mucho no se veía en el fútbol internacional, al más puro estilo Reyna con Maradona, con persecución por toda la cancha, con o sin la pelota, del número 19 Papastathopoulos para el astro de Barcelona. Fue sugestivo, por caso, en uno de los primeros movimientos del partido, cuando pudimos observar desde lo alto del Peter Mokaba cómo el número 15, el lateral Torosidis, se corrió de su sector y llamó a Papastathopoulos para que ocupe su lugar, porque por allí se había recostado Messi. Se corrió e hizo un gesto con los brazos como diciendo "por aquí no puedo transitar yo".
Y más allá de la "estampilla" de apellido largo, todo Grecia dispuso un dispositivo muy conservador con una línea de cuatro defensores, el "cancerbero" de Messi y cuatro volantes retrasados para dejar en soledad arriba a Samaras.
Argentina generó situaciones y pudo haber roto el cerco, pero tampoco le sobró demasiada imaginación para lograrlo.
No obstante, debió haberse ido al descanso con victoria parcial. Lo impidió el arquero Alexander Tzorvas, al tapar muy bien un remate tras apilada individual de Agüero a los 17?; al despejar por arriba con lo justo un disparo de Verón desde afuera un minuto después y mucho más tarde, al final de la etapa, al tapar muy bien un remate franco de Maxi Rodríguez, tras buena proyección y centro de Clemente Rodríguez y enseguida al neutralizar por arriba un envío desde afuera de Messi.
En el medio, un remate de Agüero con destino de gol tras centro corto de Milito pegó providencialmente en el zaguero Vyntra y en otra jugada similar el centro fue de Clemente (lo más peligroso de Argentina), la pelota sobró la salida del arquero (único error) y el lateral Torosidis cerró por atrás tan peligrosamente que estuvo a punto de convertir en contra de su propia valla.
En el inicio del segundo tiempo el primero que llevó peligro fue Grecia cuando un pelotazo muy largo que partió desde su propio campo sobró el cierre fallido de Demichelis para que quede en clara posición de gol Samaras, quien desvió apenas el remate cruzado final.
Recién a los 13? del complemento Argentina pudo inquietar, y fue con un disparo desde afuera de Clemente Rodríguez que se fue apenas desviado. El jugador de Estudiantes paulatinamente fue demostrando la importancia capital que tiene para Argentina contar con un lateral en la cancha, capaz de "romper" por afuera lo que a veces no se puede conseguir por adentro.
Después a los 21? Messi ensayó un tiro libre desde muy lejos que con mucho esfuerzo sacó al córner Tzorvas. Y tras ese tiro de esquina volvió a lucirse el arquero neutralizando sin rebote un remate "a quemarropa" de Bolatti, después que bajó la pelota de cabeza Demichelis.
Después, a los 29? los griegos casi se hacen un gol solos por un tremendo "blooper" entre el zaguero Moras y el arquero, cuando los dos quisieron despejar la pelota a la vez y casi convierten contra su propio arco.
El gol parecía que estaba al caer. Y cayó nomás. A los 32?, tras un córner de Messi, cabeceó Demichelis, la pelota pegó en su propio compañero Milito y el rebote lo tomó el mismo zaguero de Bayern Munich para pegarle "con alma y vida" después de tantos errores acumulados en este comienzo de Mundial.
La entrada de Javier Pastore ya le había dado otra frescura a la búsqueda de Argentina, tocando de primera y asociándose mejor que nadie con Messi. Después de él ingresó Martín Palermo, preparado para escribir otro capítulo increíble a su historia.
Sobre los 40? llegó la mejor jugada del partido. Pastore tocó justo para la entrada de Messi, quien se metió con precisión y velocidad en el área y sacó un impresionante "latigazo" que pegó en el palo. Destellos del mejor, que no pudo lucirse con continuidad ante la marca "pegajosa" pero que cuando se soltó, con más espacios en el final, mostró toda su magia. Al fin y al cabo, de nada le sirvió a Grecia y a Papastathopoulos el ultraconservadurismo. Messi tiró al córner del primer gol, -a dónde no lo pudo seguir su "cancerbero"- y sobre el final, a los 44' "inventó" una jugada de su sello, pasando "muñecos" desde la derecha al centro y sacando otro "latigazo" que contuvo como pudo el arquero pero el rebote lo tomó el héroe de mil películas épicas, Martín Palermo. Ahora también es Mundial y hasta "los dioses griegos" se le someten.

Síntesis

Argentina (2): Sergio Romero (6); Nicolás Otamendi (5), Martín Demichelis (6), Nicolás Burdisso (6), Clemente Rodríguez (7); Maximiliano Rodríguez (5), Mario Bolatti (6), Juan Sebastián Verón (5); Lionel Messi (8); Sergio Agüero (5) y Diego Milito (4). DT: Diego Maradona.
Grecia (0): Alexandros Tzorbas (7); Loukas Vyntra (5), Avraam Papadopoulos (5), Papastathopoulos (5), Vangelis Moras (4), Vassilis Torosidis (4); Costas Katsouranis (5), Alexandros Tziolis (6), Giorgos Karagounis (4), Sotirios Kyrgiakos (4); Georgios Samaras (6). DT: Otto Rehhagel.
Goles: en el segundo tiempo, 32' Demichelis y 44' Martín Palermo.
Cambios: en el segundo tiempo, en el inicio, Nikos Spiropoulos (4) por Karagounis, 9' Sotiris Ninis (4) por Katsouranis y Christos Patsatzoglou (4) por Torosidis, 18' Angel Di María por Maximiliano Rodríguez, 31' Javier Pastore por Sergio Agüero y 34' Martín Palermo por Diego Milito.
Cancha: estadio Peter Mokaba de Polokwane (muy buena).
Arbitro: Ravshan Irmatov, de Uzbequistán (5).
Concurrencia: 45.000 espectadores.

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Twitter: @vitomundial

Melodía

JOHANNESBURGO, Sudáfrica.- Esa voz, que es una melodía en sí misma, parece que hasta nos interpela. Penetrá en nosotros de tal manera, repiquetea tanto y sin parar en nuestros oídos, nuestras visceras y nuestros corazones, que ya no nos podemos despojar de ella. Quizá nos acompañe por todo el Mundial. O la recordemos toda la vida.
Es la voz de Miriam Makeba, “la mamá de Africa”, perseguida y exiliada durante 30 años del régimen racista del Apartheid. Activista por los derechos humanos en todo el mundo y toda la vida. A tal punto que fue abucheada en Viña del Mar en 1972 por elogiar al presidente revolucionario Salvador Allende.
Esa voz, esa melodía, es una mezcla del jazz más negro y melancólico con la música tradicional de colores sudafricanos. La escuchamos casi en la primera parte de nuestra visita al Museo del Apartheid, pero nos sigue, vigilante, por todo el camino. Es el sendero del horror, pero también el de la esperanza. Es un viaje por los instintos más bajos de la humanidad, pero también por el interior de su conciencia, que se remuerde para siempre.
Nadie se redime de nada. Ni hay que perdonar lo imperdonable, más allá de la infiníta sabiduría de estadísta de Nelson Mandela. Pero no hay que confundirse: él no perdonó. O al menos no a los que no asumieron el arrepentimiento. Con los demás puso la otra mejilla sólo porque le convenía. Porque sino nunca se iba a terminar el terror.
Lo único positivo de este viaje, por toda la historia del Apartheid, -y por como se salió gracias a Mandela-, no es el final supuestamente feliz, sino el ver que atrás hay un horror pegajozo y penetrante. Lo positivo es reconocerlo como tal. Lo positivo es asquearse, preguntarse como un ser humano pudo haberle hecho esto a otro ser humano. El próximo paso debe ser no sentirse afuera, o que solo fueron capaces otros seres humanos, y no nosotros. De ahí a darse cuenta que también hay un Museo de la Memoria en la Esma que significa otra interpelación a nuestras miserias, hay solo un paso. Que los blancos se dedicaran a esclavizar, explotar, torturar, segregar, asesinar y exterminar a negros en Sudáfrica, no es, al final de cuentas, tan diferente como que ciertos “iluminados”, también “blancos”, hayan esclavizado, explotado, perseguido, torturado, segregado, asesinado y exterminado a toda una generación brillante de argentinos solo por pensar distinto o más bien por eso, por pensar brillante.
En el final de este viaje estremecedor por el Museo del Apartheid y la historia de Sudáfrica, aparecen un discurso del último presidente del antiguo régimen Frederik De Klerk; las elecciones que dan paso a la unción del primer presidente negro en la historia de Sudáfrica; el histórico saludo de Nelson Mandela y el capitán de los Springboks, Francois Pienaar, en la final del Mundial de rugby del 95; un concierto con grandes músicos del mundo del que participan el propio Mandela y su hija… No nos equivoquemos, nada de eso redime lo anterior: las horcas, los fusiles apuntándole y matando a 566 pibes en el Levantamiento de Soweto del 76, la acumulación de negros como en Auschwitz, también para acribillarlos, las persecuciones y los exilios como los de Makeba y las cuestiones mismas de tratamiento discriminatorio y casi esclavizante, que todavía persisten en algunas esquinas o rincones de esta Sudáfrica emergente pero aun muy desigual.
Nada lo redime, porque no hubo Justicia del todo. Aquí no hubo Nüremberg, coo si en Argentina. Aunque sí cierto arrepentimiento de los que “se arrodillaron” ante la inmensidad de Mandela.
Pero sin Justicia total,-que aquí quizá no era posible, porque se iba a la guerra civil permanente, o a la segregación al revés, con la persecución o expulsión de miles de blancos- nunca habrá redención total ni paz duradera. Por eso lo de Argentina es tan valioso, por eso lo de Argentina es único. Por eso, lo que algunos retrógrados critican (“dejen de mirar al pasado”), la Justicia real para todos los genocidas,-impulsada desde el Estado y por el gobierno actual-, la recuperación definitiva de la identidad, de los chicos que la perdieron, de los familiares que la buscan y de la Nación, la lucha de Estela de Carlotto (que merece el Nobel de la Paz tanto o más que Mandela) es un patrimonio irrenunciable que van a rescatar la humanidad y la historia.
Y asumiendo que mirar al pasado, también significa corregir el futuro. Entender que con la revolución política no alcanza, que falta la económica. Y aquí en Sudáfrica bien que se nota. Está claro que la línea divisoria de desigualdades no se trazaba unicamente entre blancos y negros.
Porque tarde o temprano, si esto no se encara, o si no se apunta al fin de la impunidad en serio, como sí se hace hoy en Argentina, la voz de Makeba, esa inconfundible melodía, nos seguirá repiqueteando, persiguiendo, interpelando. Para siempre. Para toda la vida.