Confundidos y acalorados


por Vito Amalfitano

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España, el equipo campeón del mundo, sumó el miércoles su octavo triunfo en ocho partidos de eliminatorias para la Eurocopa. Y su victoria número 14, una tras otras, en encuentros oficiales. Venció por 3 a 1 a Escocia. El primer gol lo marcó David Silva al cabo de 41 pases en una jugada de la que participaron sus once futbolistas. España juega con línea de cuatro en el fondo. En este encuentro en Alicante recurrió a algunos “suplentes”, porque la clasificación ya estaba asegurada tres fechas atrás. Xavi fue el enganche y conductor. Sin embargo, el equipo base no contempla jugar con un solo enganche, sino con dos (Xavi e Iniesta, nada menos) y hasta tres (si se suma a Cesc).

Italia, en tanto, goleó a Irlanda del Norte en Pescara por 3 a 0. Jugó con el clásico 4-3-1-2. Cuatro en el fondo. Con enganche, Aquilani. Y un 5 que es casi otro enganche, un “regista”, Andrea Pirlo. Italia. ¡Italia!

Francia logró la clasificación sin brillar. Empató 1 a 1 en París con Bosnia. Jugó con cinco volantes, aunque tres de ellos de creación. Y con línea de cuatro en el fondo.

Alemania derrotó a Bélgica con línea de cuatro. Y con cinco volantes, aunque dos de ellos son Ozil y Müller.

Suecia derrotó a Holanda por 3 a 2, los dos jugaron con cuatro defensores. Eslovenia le ganó a Serbia por 1 a 0, los dos con línea de cuatro. Uruguay, campeón de América, empató con Paraguay en Asunción 1 a 1 y lidera las eliminatorias sudamericanas. Los dos equipos se pararon con línea de cuatro. Los ejemplos podrían seguir hasta el infinito, o hasta detenerse en la excepción que confirma la regla de todo el mundo, Chile, que el miércoles le hizo cuatro goles a Perú con tres en el fondo, pero el viernes le habían hecho cuatro con tres en el fondo.

Argentina perdió el miércoles por primera vez en la historia del fútbol con Venezuela, 1 a 0 por las eliminatorias. La Selección había triunfado con los anteriores 18 enfrentamientos entre sí.

Alejandro Sabella explicó después del partido que puso cinco defensores “para asegurarse más tenencia de pelota”. Argentina tuvo mucho menos posesión del balón que Venezuela. Esos cinco defensores no fueron, precisamente, jugadores de características para asegurarse tenencia y salida de balón desde el fondo. Ni Zabaleta, ni Demichelis, ni Burdisso, ni Otamendi ni Rojo no solo no pueden asegurar tenencia de pelota, ni siquiera están capacitados para intentarlo.

Angel Di María, quien había dejado un “surco” como volante por izquierda el viernes 7 en el Monumental en la goleada ante Chile, esta vez jugó muy cerca de Mascherano, casi de “doble cinco”. Los dos verdaderos “doble cinco” (con perdón de la repetición del barbarismo futbolístico) que habían estado ante Chile, Braña y Banega, no fueron titulares frente a Venezuela.

Alejandro Sabella había postulado, antes del comienzo de las eliminatorias, su preferencia por los “jugadores-cerebro”, tal la denominación que utilizó. ¿Qué “jugador-cerebro” tuvo la Selección el miércoles para darle algo de elaboración al equipo y abastecer a Messi e Higuaín, quizá la pareja de más potencial en el mundo?

Lionel Messi, el atacante de más eficacia en el universo, fue el miércoles capitán por segunda vez en partido por los puntos de la Selección. En el segundo tiempo no solo no mandó. Ni siquiera jugó. Solo se fastidió.

Javier Pastore, que quizá no es “cerebro”, pero sí talento para abastecer juego, entró ante Venezuela a ocho minutos del final. El “jugador-cerebro” que más entiende el juego en Argentina desde hace mucho tiempo es Juan Román Riquelme. Es hoy el conductor, y cerebro, del equipo que va primero en el campeonato. No fue convocado. No se sabe si por lesión o por cuestiones “tácticas”.

El técnico solo habló de “el calor y la humedad” para explicar toda esta confusión. El partido se disputó en Puerto La Cruz, y de noche. En Venezuela, con estas temperaturas y más, Argentina jugó la Copa América 2007, en la que,-con la versión de más éxito de la conjunción Riquelme – Messi-, hacía de a tres o cuatro goles por partido, hasta la final con Brasil, que sí se jugó con más de 50 grados de sensación térmica al sol, en Maracaibo, y a primera hora de la tarde.


Revanchas


“Así es el deporte, no se puede garantizar nada nunca. Esta vez se dio que ganamos, pero pudimos haber perdido. El evento hubiera sido exitoso igual y no le tenía que quedar ningún ‘karma’ a los marplatenses”, nos dijo Luis Scola hace una semana, en nota especial con LA CAPITAL un día después de la consagración de la Selección Argentina de básquetbol en el Preolímpico de Mar del Plata. Fue en respuesta a una inquietud nuestra sobre lo que supuestamente se habían sacado de encima la ciudad en general y el Polideportivo en particular, con este logro de la Generación Dorada después de aquella traumática derrota en la final de la Copa Davis de tenis ante España en 2008.

No por verdad de Perogrullo deja de ser oportuno y sabio lo de Scola para contrarrestar tanta histeria que rodea hoy al deporte, sobretodo por estas tierras de tanto apasionamiento, pero también de tanto exitismo.

La derrota, obvio, siempre tiene que ser una posibilidad, nunca un drama. Así es el deporte. E incluso se puede perder de local siendo más que amplio favorito, hasta casi candidato excluyente.

El círculo de la moraleja se cerró ayer a miles de kilómetros de distancia.

El imponente Belgrado Arena se preparó para un trámite y una fiesta. Y aun habiendo empezado con derrota 0-2 el viernes el clima del estadio ayer dejaba ver que las esperanzas de los serbios volvían a estar intactas al saltar a la cancha el as de espadas, el número uno del mundo, Novak Djokovic.

Hace tres años, en una instancia diferente, ya en una final, en el Polideportivo de Mar del Plata, se vivía un clima similar, pero aun con condiciones más favorables, porque Rafael Nadal ni siquiera podía jugar un punto (ni viajó).

En las dos situaciones sucumbió el amplio favorito. Y se cumplió la máxima de Scola, “en deporte no se puede garantizar nada nunca”. Ni con todo el público a favor, ni en las circunstancias más ventajosas. Tampoco Nalbandian hubiera tenido garantizada la victoria aun contra un rival infinitamente inferior en el quinto punto, si Djokovic superaba a Del Potro.

Nada de eso ocurrió. Quedó, afortunadamente, en lo contrafactual. Porque, más allá de la lesión lumbar de Djokovic, el tandilense hizo lo que tenía que hacer. Y más. Se pudo evadir, con personalidad y juego, de ese tremendo ambiente en contra.

Ahora, para la final, el desafío vuelve a ser de David contra Goliat. Y no solo, está claro, porque Nalbandian sea bandera del equipo argentino.

No debía ser “karma” ni drama si la Generación Dorada no conseguía lo que se esperaba en el soñado fin de semana anterior en Mar del Plata. Pero lo cierto es que, con la clasificación a los Juegos Olímpicos y el título de la Selección Argentina de básquetbol evidentemente se saldó una parte de aquella deuda de la final de la Davis de 2008 y fue una especie de revancha de la ciudad deportiva.

Mar del Plata, entonces, “ya hizo su parte”. Ahora le toca a ellos, a los verdaderos protagonistas. Otra vez Argentina contra España, pero con las condiciones exactamente al revés que en el Polideportivo. Allá, de visitante, y con amplio favoritismo para el equipo de Nadal. La Legión tiene la gran chance de saldar la otra parte de aquella deuda, de completar esa otra revancha. Seguramente los tenistas argentinos dejarán todo para el objetivo. No habrá distensión. Ni mucho menos lugar para la subestimación. No se perderá el tiempo en agregarle o quitarle velocidad a la superficie. No tendrán siquiera esa oportunidad. Así, dejando todo, no quedará lugar, esta vez, para el reclamo. Será la gloria infinita, un título inédito justo en la Davis 100, o una casi lógica derrota con el honor de estar una vez más en la final. Sin dramas ni histerias. Como se debe entender el deporte.

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Scola: “El recambio de la Generación Dorada está pasando ahora, nada se va a cortar mañana”

El ala pivote de Houston Rockets y la Selección Argentina campeona del Torneo de las Américas habló, en el día después, de las diez inolvidables noches en el Polideportivo y de lo que viene. Reconoció a Brasil como el equipo más “sólido”, se refirió al difícil momento de “Tato” Rodríguez, a su propio futuro y hasta al “karma” que se sacó de encima Mar del Plata gracias a sus goles.




El aro es la presa que no se le resiste. Su voracidad volvió a rebasar límites en Mar del Plata. Fue el goleador del Preolímpico de básquetbol 2011, también el artillero de la final y el MVP del torneo. Pero si bien aquí también las emociones lo sobrepasaron como nunca, no deja de ser frío y calculador ni para asestarle el zarpazo de gracia al enemigo, ni para permitirse algún rasgo de amateurismo en el momento del festejo y la reflexión, en el tiempo de la charla distendida y mano a mano con LA CAPITAL. “Nosotros somos súper-profesionales siempre”, remarca Luis Scola, efectivamente, en un pasaje del encuentro con este medio, a solas, después de la conferencia de prensa que brindó en el Hotel Costa Galana organizada por La Caja, y en la cuál se presentó junto a los directivos de la empresa Fernando Oliver y Hugo Laiño, con Patricio Masochi en la organización.
Cansado, sin ocultar sus sentimientos (“nunca viví nada así”) pero tan frío y calculador como en esos libres que tiró bien concentrado, como aislado del mundo, y que convirtió en medio de la algarabía del festejo cuando ya el triunfo en la final sobre Brasil estaba consumado. “Lo nuestro no tiene nada de amateur”, reafirma en otro momento de este reportaje (ver aparte). Parece demostrarlo también afuera de la cancha, para asumir cada compromiso establecido. Como ayer con La Caja y LA CAPITAL.
-¿Cómo es el día después a tantas emociones?
-Es un poco complicado. Estoy muy feliz por lo que pasó pero después de una euforia tan grande viene un poco de cansancio, un bajón, quizá un vacío. También uno se afloja después del esfuerzo. Generalmente pasa, se te viene todo el torneo encima. Pero es mejor estar así después de haber conseguido el objetivo, que de otra manera…
-Ustedes ganaron cosas mucho más importantes que este Preolímpico. Sin embargo, desde la emotividad, desde la posibilidad de haberlo conseguido en casa, evidentemente tuvo un sabor especial…
-Sí, claro, fue fuerte por jugar en casa, por como se dio el torneo, por la expectativa, por como estaba la gente, por como lo vivimos nosotros. Me gustó como se vivieron las dos semanas, se respiró básquet las dos semanas. La gente, la familia, se montó un plan alrededor del básquetbol y por suerte todos pudimos festejar. A mí realmente me cuesta acordarme de un torneo con tanta gente, con tanta convocatoria, con tanta expectativa. Es verdad que nosotros jugamos en otras competencias en escenarios más grandes, incluso con más gente, pero es muy difícil encontrar un antecedente, incluso en mundiales o Juegos Olímpicos, con la cancha llena diez días seguidos como ocurrió acá.
-Acostumbrado a grandes acontecimientos. ¿Qué te pareció la organización?
-La ví muy bien, creo que en líneas generales salió muy bien. Siempre hay detalles, como el del reloj, que son errores que te exponen, pero fue un torneo muy bien hecho, que nada tiene que envidiarle a otros de nivel internacional.
-Se habla mucho del final de la Generación Dorada. Incluso se dijo que esta fue la despedida en casa. ¿Es tan así? Y, en todo caso, ¿cómo ves el recambio?
-El recambio está pasando desde el 99. Todos los años se fue yendo uno y entrando otro. Esto no es nuevo. Desde aquel 2001 famoso te puedo nombrar a Farabello, Sconochini, Montecchia, Gaby Fernández, Victoriano, Paladino…Jugadores que estaban y que en su momento eran parte también de lo que nosotros llamamos Generación Dorada. Y hoy no están más. Como el Colo Wolkowyski. Todos los años se van a ir yendo más y todos los años van a entrar nuevos. Es así, esto no es nuevo. Se habla tanto del recambio generacional que da la sensación de que mañana nos vamos todos y entran doce nuevos. Esto no es así.. Esto ya está pasando. Y va a seguir pasando. Va a llegar el día que el último que no jugó en el 2001 no va a estar más. Pero igual creo que a esa altura ya el equipo se habrá “reciclado” con ese famoso recambio que no se detiene nunca.
-El problema es que ustedes alcanzaron un pico impensado, y transformaron al básquetbol argentino en potencia. Habrá que ver si cuando se vaya el último de 2001, como vos decís, los que vengan estarán más o menos a la altura para sostener esa condición…
-Sí, pero de la misma manera están a la altura los que están entrando ahora mismo. Ese recambio se está dando ahora ya. No fueron cinco jugadores los que transformaron el básquetbol de Argentina. Fuímos cuarenta, o cincuenta, y el recambio de la Generación Dorada, como ustedes dicen, está pasando ahora. Esto viene desde hace diez años y transcurre permanentemente. Nada se va a cortar mañana. No es algo que se va a cortar mañana abruptamente. Yo confío en que ese recambio que ya transcurre hoy mantendrá al básquetbol argentino en los primeros planos.
-Más allá de ese recambio colectivo, cómo será la cuestión en el plano individual? Qué Luis Scola vendrá después de este tremendo jugador?
-La verdad, no se. Sinceramente, no me lo puse a pensar. No solo porque no pienso en el retiro, que está todavía muy lejos, sino porque en realidad no tengo un plan. No se si voy a querer entrenar un equipo, no se si voy a querer seguir ligado al básquetbol directamente…
-Mucho más difícil debe ser hacerse esa composición de lugar abruptamente, cuando quizá haya que tomar la decisión de decirle adiós al básquetbol de un día para el otro, como el caso de lo que está pasando hoy con “Tato” Rodríguez… (N.de R.: por una afección cardíaca se pierde la próxima Liga Nacional con Peñarol y quizá tenga que replantear su continuidad en el deporte).
-Sí, claro que es muy difícil, es muy complicado ponerse en el lugar. Ojalá que se pueda solucionar. Vamos a esperar, a tratar de ser cautelosos. Pero si no se puede solucionar el problema que tiene, ojalá que pueda encontrarle la vuelta y hacer algo que le guste y estar contento. Y si de algo sirviera, si pudiéramos hacer algo nosotros para ayudarlo en esa búsqueda, lo haremos. Aunque él es un grandísimo campeón, de mucha personalidad, así que seguramente se hará todos los estudios y sabrá bien como seguir y tomar la mejor decisión. Creo que ahora es mejor dejarlo tranquilo.
-¿Cómo fue tu relación con la ciudad en estas dos semanas? Mar del Plata tenía un “karma”, arrastraba con la “mochila” de la final de la Davis perdida ante España cuando estaba todo dado para una consagración histórica en el mismo Polideportivo. Ustedes fue como que vinieron a lavar esa herida. ¿Cómo fue el contacto con la gente de Mar del Plata, y cómo pudieron darle lo que necesitaba?
-El torneo fue fantástico y salió redondo. Pero uno nunca puede garantizar un resultado. Se compite y se puede ganar o perder. Claro que percibíamos el cariño de la gente, el afecto, quizá también cierta ansiedad, pero casi nunca fue una presión desmedida. Pero debe saberse que todo puede pasar. Fijense lo parejo que fueron los partidos del fin de semana. Así es el deporte. Está claro que nosotros no podíamos tampoco garantizar la clasificación a los Juegos Olímpicos, porque de hecho también pudimos haber perdido en el último instante ante Puerto Rico. Así es el deporte. No se puede garantizar ganar nada nunca. Esta vez se dio que ganamos, pero pudimos haber perdido. El evento hubiera sido exitoso igual y no le tenía que quedar ningún “karma” a los marplatenses ni a quienes nos vinieron a ver de todo el país. Porsupuesto que siempre es mejor ganar pero no se puede ganar siempre. El torneo hubiera sido exitoso igual porque fueron dos semanas que disfrutamos a puro básquet, en las que se respiró básquet y fue un torneo de altísimo nivel del que pudo disfrutar la gente más allá de un resultado.
-¿Por qué dijiste en la conferencia de prensa que Brasil fue el equipo de nivel de básquetbol más sólido? ¿Significa que ellos fueron más como equipo y pesaron más las individualidades de Argentina, o no es tan así?
-Simplemente quiero decir que jugaron más sólidos. Por eso lo dije. Jugaron bien, se prepararon muy bien para el torneo, muy concentrados. La verdad es que Brasil jugó el nivel de básquetbol más sólido del torneo. No pudieron resolver el último partido, nada más.
-Y ahí sí, cuando percibieron la solidez del rival, ¿sintieron algo de presión?
-Sí, al final sí. En el partido de anteayer, por todo lo que estaba en juego, y en el tercer y cuarto cuarto de ayer. Debimos haber cerrado mejor los dos partidos. Pero cometimos errores graves. Afortunadamente lo pudimos superar.
-Teniendo en cuenta eso, que incluso reconocés que fueron superados de alguna manera como equipo por otro en este Preolímpico, ¿con qué posibilidades ves a Argentina para los Juegos?
-No se puede saber, falta un año, mucho puede cambiar. De acá a un año pueden pasar muchas cosas. Ellos y nosotros, y otros, pueden mejorar, o también empeorar. Todo a su debido momento. Por ahora solo quiero descansar.
-En el medio de ese descanso tenés la preocupación del destino próximo, por el lock out de la NBA…¿Sos optimista?
-Ni optimista ni pesimista. Hace un mes que me desenchufé completamente del conflicto. Y será lo que tenga que ser. No se como se va a solucionar, esperemos que pronto. Y si no hay solución veré que haré…
-A manera despedida de este Preolímpico, ¿qué querés decirle a la gente de Mar del Plata?
-Simplemente gracias por el afecto y el apoyo. Estas dos semanas serán difíciles de olvidar para mí. Y ustedes los marplatenses han tenido mucho que ver.
Nunca viví nada así, y eso fue gracias a la gente. Porque nosotros ya habíamos conseguido cosas muy importante. Pero, por como se vivió, esto tuvo un significado muy especial.

“Lo único que tiene de amateur
lo nuestro es que no cobramos nada”


-Por estas horas se escuchan mucho las comparaciones. Se los elogia a ustedes, se rescata ese espíritu amateur pese a que son súper-profesionales, y desde muchos periodistas y aficionados se cae en aquello del compromiso que ustedes tienen y que supuestamente no tienen los seleccionados de otro deporte, como el fútbol, por ejemplo. Y se repite aquello del himno, por ejemplo, sobre como lo canta cada uno…Cuando vos escuchás esas cosas, ¿qué pensas?
-Que no estoy de acuerdo en ninguna de las dos cosas. Primero, qué a mí me gusta que me elogien, porsupuesto, pero no comparando con otro. Nunca comparando con otro. Que me elogien por mis méritos o me critiquen por mis supuestos errores. Pero no me parece que esten bien las comparaciones. Y no se quien es el indicado para juzgar el compromiso de un deportista, de cualquier deporte. Pasa que nosotros ahora ganamos, si hubieramos perdido quizá nos entrarían a criticar algunas cosas. Y estaría bien si no fuera por comparación, o metiéndose con cuestiones extradeportivas. Hoy ganamos nosotros, ojalá le vaya bien a los muchachos del rugby, y a los del tenis el fin de semana, y por supuesto al fútbol, que tenemos notables jugadores. Pasa que en el deporte se gana y se pierde. El año pasado tanto jodieron con eso del compromiso supuestamente diferente y resulta que terminamos igual. Los chicos del fútbol terminaron quintos, y nosotros también. Y, por otro lado, yo no creo mucho en eso del amateurismo. Yo, por lo menos, no siento que lo nuestro tenga nada de amateur. Lo único que tiene de amateur lo nuestro en la Selección es que no cobramos nada…En eso sí somos amateurs. Pero la verdad es que nosotros somos súper-profesionales siempre, nunca dejamos de serlo, tomamos esto con la misma seriedad que cualquier competencia…
-Yo lo planteaba desde el espíritu, quizá amateur, con el que encaran la competencia…
-No, no, lo nuestro no tiene nada de amateur. Podremos emocionarnos, podrán emocionarse ustedes, pero, en realidad, nosotros estas semanas fuímos súper-profesionales, todo muy medido, muy calculado, con un plan, horarios estrictos, total disciplina. Ya no nos queda nada de amateur, salvo que no cobramos para esto…(risas) Por ahí se puede decir eso del espíritu amateur porque justamente nosotros venimos para jugar para la Selección en lugar de descansar, pero eso también lo hacen los muchachos del fútbol siempre, un gran esfuerzo para no dejar de jugar para Argentina.

Seccafién se sacó un 10, Aldosivi hizo 5




Aldosivi tenía orden. Le faltaba juego. Y de forma alarmante, tanto que no había podido ganar en las tres primeras fechas del torneo de la Primera B Nacional de fútbol.
Ante ese panorama, no se justificaba la ausencia de Enrique Seccafién en el equipo titular. Su actuación ante Brown de Madryn ratifica esa certeza.
Seccafién fue la gran figura, determinante, en la goleada por 5 a 0. No solo él fue decisivo para lo abultado del marcador. También el arquero de la visita, Sebastián Pereyra, responsable del primer gol, que abrió el partido, y también con errores en el tercero y el cuarto.
Entre Seccafién y el arquero, las dos puntas de rendimiento en un encuentro muy desigual, hubo otra vez un Aldosivi ordenado,-al menos como en las dos primeras fechas-, pero con un sustancial aumento de volumen de juego, y un rival que no fue tanto menos en el primer tiempo pero que no pudo disimular su vulnerabilidad y pareció más bien un equipo de Argentino A en la mayor parte de la tarde.
Seccafién partió de una posición de volante por izquierda que pareció fastidiarlo pero enseguida, con el correr del partido,-bien por indicación ya prevista del técnico o por circunstancias del juego y decisión de los protagonistas-, alternó roles con Matías Gigli y se convirtió, en varias situaciones en enganche constante y sonante.
Ese intercambio entre Seccafién y Gigli, y la manera en que se suma a ese circuíto de juego Piñero Da Silva, le proporcionaron variantes inéditas al ataque de Aldosivi, que además fue prolijo hasta desde la pareja de volantes centrales, Jonathan Blanco y el jugador del club Jonathan Galván.
El golazo de Marcelo Vega rubricó una tarde también extrañamente tranquila para Aldosivi. Todo se había facilitado muy temprano, por el "regalo" inicial del arquero y la pegada exquisita de Seccafién en dos centros. El propio Quique amplió con dos tantos más.
Hacía mucho tiempo que Aldosivi no contaba con una actuación de 10 puntos como la de Seccafién. También hacía bastante que no se encontraba con tantas facilidades del rival. Es cierto que nada será igual de aquí en adelante. Pero también está claro que en esta divisional, de todos modos, no es sencillo hacer cinco goles contra nadie.
Y lo importante es que a partir de este triunfo contundente Aldosivi tiene la oportunidad de enderezar el rumbo. No solo por la tranquilidad que dan los tres puntos y los goles, sino por la forma en que se consiguieron. Y porque quedó la sensación que, de momento, ya será imposible prescindir de Seccafién. El eslabón perdido que faltaba.

Aldosivi después de Instituto: Lo que tiene y lo que le falta










El continente y el contenido. Las formas y el fondo.
Aldosivi tiene el continente, las formas, la geografía. Eligió un formato y trata de ponerlo en práctica. Dentro de esos lineamientos, trata de ser ordenado, de cubrir bien los espacios.
El problema, por ahora, es el contenido, el fondo. Falta juego. Faltan variantes, argumentos, que sostengan la estructura.
Y al cabo, como el orden y la estructura en fútbol siempre pueden ser un medio, un camino, pero nunca un destino, un objetivo final, la búsqueda de Aldosivi se va perdiendo, por ahora, en esa carencia.
Tanto en el partido con Atlanta, como en este frente a Instituto (2 a 2 en el Minella, debut como local en este gran torneo de la Primera B Nacional de fútbol), al equipo de Mar del Plata se lo vio bien parado, pero se quedó en eso. Le faltó osadía, le faltó peso específico en la búsqueda, y por eso se perdió en los partidos y terminó sufriendo en el área propia.
Tanto como en Villa Crespo, pero ahora mucho más, Aldosivi sufrió mucho ante Instituto las jugadas con pelota detenida en el campo propio, y como lo que insinuó de la mitad de la cancha para adelante no lo supo traducir en dominio sostenido y jugadas de gol, terminó padeciendo muy cerca de Campodónico.
Al final de cuentas, por más estructura y orden que haya, si después no hay algo más en la esencia, se termina jugando a la lotería. Así fue frente a Instituto. El partido terminó 2 a 2 no por buen juego, fluído, por situaciones de gol continuadas, sino más bien por errores manifiestos de los dos.
Aldosivi tiene la base. El orden y el formato. Eso no es poco si se tiene en cuenta que recién empieza un campeonato largo. Pero le tiene que hacer un lugar a la osadía para ese plus que se necesita para marcar diferencias en fútbol.
Si el técnico está tan aferrado al 4-4-2, pues entonces uno de los volantes centrales, o los dos volantes de afuera, se tienen que soltar con volumen de juego, y no solo con presión bien hecha (como lo que ocurrió en el arranque del primer tiempo). Y si no es tan esquemático, si en los dos partidos se decidió promediando el segundo tiempo a la entrada de Seccafién, quizá sería bueno que analice la posibilidad de más continuidad en cancha del enganche, y de considerar la alternativa de Sarraute, un jugador del club, con tanto, con la osadía que le falta al equipo, y que no se entiende demasiado, por ahora, porque ni siquiera integra el banco de suplentes.
Igual este es un camino largo. Recién empieza. Por eso el crédito está abierto. La base está. Falta la esencia. Más juego.

Aldosivi tuvo orden y reacción, le faltó juego

Aldosivi estuvo en la fiesta del comienzo. Como un “histórico” de la máxima categoría del ascenso del fútbol argentino tuvo el honor de abrir el torneo de la Primera B Nacional más esperado de la historia, y de iniciar también las transmisiones de la divisional en la TV Pública, a través del sistema Fútbol para Todos, que pudimos disfrutar en forma abierta y gratuíta los marplatenses y el resto de los futboleros del país.
Por lo pronto, no hizo quedar mal a Mar del Plata en la cita. Logró un buen empate en Villa Crespo ante Atlanta, 1 a 1. Aunque quedaron algunos detalles, cierta sensación de sabor agridulce, la presunción de que se pudo haber conseguido algo más ante un rival con muchas limitaciones y que no está acostumbrado a la categoría.
En principio, Aldosivi mostró orden. Y esa parece ser una característica que Andrés Yllana pretende imprimirle a su carrera como entrenador, que se inicia justamente al frente del equipo de Mar del Plata.
Aunque en este partido ante Atlanta dio la sensación que la propia virtud encierra su defecto. Aldosivi tiene la obsesión de mantener el orden, y eso es bueno (sobretodo ante las confusiones tácticas de temporada anteriores, con ese empecinamiento en “suicidarse” con la línea de tres), aunque también se sale poco del libreto y no le hace lugar, por ahora, para los creadores, para los que pueden desequilibrar a través del juego. Enrique Seccafien estuvo en el banco, y cuando entró no encajó, en una estructura que ya estaba establecida. Y Matías Sarraute, el talento del club, ni siquiera tuvo un lugar entre los relevos.
Lo positivo, entonces, fue el orden. Y también la reacción. Para conseguir el empate ante el resultado adverso. Falta equilibrar un poco más los cuidados con la osadía. Con un poco más de juego Aldosivi se pudo haber traído todo de Villa Crespo.

Al otro lado del río

Al final de cuentas, la Copa América, esta Copa América,-que pareció desabrida, que más bien tuvo un gusto bien amargo para el fútbol argentino, que registró la mitad de los goles que la de Venezuela, que depositó a algún equipo bien amarrete en la instancia definitiva-, no quedó tan vacía de contenido como se vislumbraba bien entrado su desarrollo.
Esta fue la Copa América de la consolidación de un equipo, Uruguay; la de dos delanteros temibles, Diego Forlán y Luis Suárez; la de los penales errados de Brasil; la de un primer tiempo mágico de Lionel Messi frente a Uruguay,-como puntero derecho, de lo que debe jugar-, y que señala el camino hacia el futuro…
Esta fue también la Copa América de la instalación definitiva de Venezuela en el concierto del fútbol sudamericano como un candidato más, como un contrincante peligroso más para lo que viene en eliminatorias. Antes no contaba, no figuraba en los cálculos de nadie.
Esta fue la Copa América de dos grandes arqueros, Justo Villar y Fernando Muslera y de un tercero, Sergio Romero, que en las dificultades demostró que tiene bien ganado su lugar en el castigado arco argentino.
Esta fue la Copa América de la mejoría de Colombia, de la vuelta del histórico Perú, de la decadencia, por avaro o amarrete, de Paraguay.
Y esta, al fin y al cabo, que pintaba para ser la Copa América que se prestaba para los utilitarios de siempre, para legitimar el discurso de la especulación, terminó siendo, afortunadamente, la Copa América de la esperanza, la Copa América que salvó en el último peldaño al fútbol ofensivo y al fútbol juego, la Copa América de las enseñanzas del Maestro.
Se repitió, hasta el cansancio, en la semana previa a la final, que habían llegado a las instancias definitorias justamente los equipos que habían sido más o menos dominados en cuartos. Algunos se subieron inocentemente, otros de manera muy interesada desde el punto de vista ideológico futbolístico, al discurso instalado de que en el fútbol de hoy saca más rédito el que defiende y tiene más que perder el que ataca, el que busca. Falacia absoluta basada en una mera casualidad o, en todo caso, en cuestiones circunstanciales. Algunos olvidaron, otros quisieron olvidar, que hace solo un año salió nada menos que campeón del mundo un equipo que siempre fue ofensivo y que siempre fue paciente, que siempre apostó al juego y a la tenencia de pelota y que renegó del vertigo tanto como de la especulación. España señaló un camino diferente para el fútbol del futuro, ya lo consignabamos desde Sudáfrica. Y el equipo de club que, a la par, hace época con un estilo similar, Barcelona, también está como testimonio permanente de lo que realmente se debe perseguir.
Pero resulta que, de buenas a primeras, nos olvidamos de España y Barcelona, y por la mala puntería de encumbrados y cenicientas en los penales, dejamos instalado que solo sirve defender en el fútbol de hoy. Uruguay le dio el domingo un gran cachetazo a esa teoría falaz. Lejos de especular con que Paraguay se siente más cómodo cuando lo atacan y le dan espacios, el equipo de Maestro se sintió seguro de si mismo y no le importó nada más. Salió a llevarse por delante a su rival y por si quedaban dudas sobre su postura, tras un dominio abrumador y un 2 a 0 parcial, pero cuando ya era difícil sostener desde lo físico la presión que se había ejercido durante casi una hora, el técnico puso a un delantero más por un volante, Cavani por Alvaro Pereira. Cartón lleno. Derrota consumada de los apologistas de la mezquindad.
No fue esa la única enseñanza del equipo del Maestro. Uruguay es el producto de proyecto más antecedentes. No solo de una carpeta fría, sino de la letra corporizada en la cancha y no escrita por cualquiera, sino por el entrenador que más pergaminos tenía al otro lado del río para encabezar este trabajo a largo plazo.
Tabárez es el Maestro, no solo por sus origenes de pizarrón y tiza. Sino por toda una carrera de docencia, sabiduría y títulos en el fútbol. El más grande entrenador uruguayo. Si en el “paisito” tan entrañable y tan querido sencillamente eligieron al mejor para encabezar el proyecto de la reconstrucción, ¿por qué no se hace lo mismo, de una vez por todas, en el fútbol argentino, de este lado del río?



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